Descansa en paz, Tuco


25 de Junio de 2014
por David RL

En plena Guerra de Secesión, varios soldados son apresados por el enemigo y, entre ellos, dos harapientos. Uno espigado, rubio y de mirada tranquila hasta la arrogancia. El otro bajito, ancho de hombros, sucio, moreno, mal afeitado, con cara de mala pieza. Responde al nombre de Tuco, y su compañero sencillamente jamás llega a desvelar el suyo.

El más bruto, alto, fuerte, barbudo y pesado de los soldados que vigilan a este grupúsculo de prisioneros de guerra se acerca y va pasando lista. Cuando llega su turno, pese a su situación de inferioridad, nuestro Tuco no puede hacer menos que tocarle las narices -como el espectador bien espera de él-. Y tras recibir el sopapo de rigor, llega una de esas réplicas que pasan a la Historia, aún cuando sabe que le caerá, seguidamente, otra buena tunda de hostias: "Me gustan mucho los gordos como tú, porque cuando caen al suelo hacen mucho ruido".

Eli Wallach


La película, espero que muchos ya lo hubieráis detectado, es El bueno, el feo y el malo. Eastwood era el vaquero sin nombre y Eli Wallach el "feo" bocazas. El alma de la película. Hoy, décadas después, con 98 añazos nada menos, Wallach nos ha dejado.

Ese personaje fue uno de los casos tan particulares en los que una película, un carácter y un puñado de réplicas se le quedan a un actor pegados a la piel de por vida, intente lo que intente para quitarse esa impronta. Tampoco creo que en este caso Wallach hiciese un especial esfuerzo por borrar a Tuco. Sabía perfectamente que no era un Pacino, y conocía muy bien en qué registros podría funcionar bien. De hecho, no hizo ascos a repetir papel en spaghetti westerns infinitamente pobres, alejados de la calidad del trabajo de Sergio Leone.

Afortunadamente, la madurez es a menudo una bendición para los actores (tristemente suele ocurrir lo contrario con las actrices; la del Cine sigue siendo una industria con una vertiente machista bastante marcada, en este sentido). Así, Wallach encontró, camino de la vejez, papeles con los que volver a lucirse: ahí está Don Altobello, el entrañable pero cabroncísimo villano de El Padrino 3.

Si somos justos, tras su trabajo para Coppola, Wallach todavía siguió trabajando duro y apareció en muchas películas y series. Una vejez muy activa la suya, incluyendo colaboraciones con gente como Clint Eastwood u Oliver Stone. Yo guardo, de toda esta última (y larga) etapa, dos recuerdos principales.

El primero es su papel en Vacaciones, una comedia romántica algo pobre, sin nada especialmente diferente que ofrecer aunque con una factura digna, sencilla. Buenas interpretaciones (Jack Black, Kate Winslet, Jude Law...) y un suave tono de amabilidad extrema pululando por el ambiente. Pero en medio del pastel, había una curiosa escena. Como queriendo anticipar un reconocimiento que merecía en escenarios reales, la directora y guionista Nancy Meyers presentaba una secuencia en la que el personaje de Eli Wallach recibía un emotivo homenaje. Claro, la traslación sentimental era evidente pero funcionaba fácil para aquellos que ya admirábamos al viejo Tuco, y hacíamos nuestro el homenaje. Porque de veras lo merecía.

Eli Wallach

Afortunadamente, le quedaban aún algunos años por delante para seguir dando guerra. Y en una de esas, en la fantástica El escritor de Polanski, el personaje protagonista interpretado por Ewan McGregor se llevaba un buen susto mientras se resguardaba de la lluvia en el porche de una vieja casucha de madera: casi de la nada aparecía un viejo pequeño, chupado, de piel apergaminada. ¡Joder, es Eli Wallach!

Qué presencia, incluso así de ajado. Esa voz cascada, pero igual de directa y sin atisbo de duda... Por un momento, le imaginé espetando a McGregor: "Eh, rubio, ¿sabes de quién eres hijo? ¡Eres un hijo de mil padres!"

Descansa en paz, Tuco.

Eli Wallach




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