Crítica de la película Noé por Iñaki Ortiz

Aronofsky ausente


2/5
08/04/2014

Crítica de Noé
por Iñaki Ortiz



Carátula de la película La versión que hace Darren Aronofsky de la historia de Noé es un verdadero disparate, un popurrí de géneros y temáticas. El director crea una historia de mitología fantástica, que puede estar más cerca de El señor de los anillos, que del material original, con batallas épicas, seres mitológicos, herederos, magia. Incluye elementos postapocalípticos futuristas, con minas industrializadas abandonadas y sitúa a la tierra en un momento de profunda escasez al más puro estilo de las secuelas de Mad Max. Convierte a Noé en un guerrero imbatible que podría vérselas con Riddick. Y es que en conjunto parece haber construido un universo más cercano al space opera, con ese cielo diurno lleno de estrellas y esa planeta irreconocible.

Hasta aquí, lo bueno.

Sí, lo bueno. Sería absurdo negarle a Aronofsky la decisión de reinterpretar las escrituras con libertad absoluta y casi demencial. Es lo que se espera de un cineasta como él, y más cuando parte de uno de los pasajes de la Biblia más disparatados. De hecho, creo que esta carga de mitología extrema, violencia y simbolismo, está más en consonancia con las primeras historias del antiguo testamento que cualquier acercamiento mojigato y buenista de los panfletillos cristianos. La ucronía de tomar elementos de tecnología avanzada, y su justificación me parece admirable. Me gusta la contundencia divina de los vigilantes y me gusta que Noé sea un héroe en un universo distópico. Ese mundo del que hablan las primeras historias bíblicas, en el que el creador está tan presente, ese terreno de mitología que nos acerca al imaginario de los primeros pueblos; los albores de la narración. Todo eso está muy bien y acepto la propuesta.

El problema está en la ejecución. Aronofsky, un director con una personalidad abrumadora -tanto que puede llegar a causar rechazo- parece estar ausente. Hay un par de secuencias interesantes, especialmente la de la creación/evolución, y en la que vemos la silueta de guerreros de todos los tiempos sobre la figura de Caín y Abel. Quizá alguna más. El resto parece estar dirigida por un artesano de oficio... sin demasiado oficio. Que su colaborador habitual en foto, Matthew Libatique, haya firmado esos cielos sonrojantes y esa luz tan extremadamente simplona me conmociona casi tanto como que el gran Clint Mansell haya compuesto esa banda sonora tan terriblemente rutinaria. Especialmente cuando los tres, tenían un universo de misticismo, simbología y una libertad creativa absoluta para hacer algo audiovisualmente fascinante. Parece mentira que sea el mismo equipo de La fuente de la vida.

Por otra parte, siento que el autor no cree en lo que está contando. Él mismo confiesa en una entrevista que sus creencias no están demasiado cercanas a los textos bíblicos. Esto hace que el fondo ético sea cuando menos dudoso. Y no es algo que afecte solo a una moraleja en segundo plano, es algo que hace difícil la identificación con el protagonista. Digámoslo claro: Noé es un fanático religioso iluminado que está dispuesto a dejar morir a la humanidad por designios divinos y que finalmente, termina haciendo una excepción, por puro nepotismo: es fácil perdonar la vida de sus nietos pero dejar morir a miles de bebés de otros. En el otro extremo, un pueblo que ha perdido todo y lucha por sobrevivir, pero que son oficialmente "malvados". Un mensaje repugnante, y si se me permite, peligroso. Y en este caso no se busca la ambigüedad, simpatizar con los supuestos villanos es un resbalón grave de un guión de pura aventura. El problema, ya digo, llega en el momento en que ni el propio Aranofsky se cree su planteamiento moral. Intenta escapar de palabras como "Dios" y reduce al máximo la religión para hacer pura mitología fantástica, pero la esencia, lo quiera o no, sigue ahí.

Un ejemplo que siempre sale a reducir es el de Los diez mandamientos, el autoremake que hizo Cecil B. Demille, en el 56, con Charlton Heston. Aquella también conjugaba una historia "sagrada" con el puro género de aventuras, pero allí había una ventaja clara. La historia de Moisés, dioses y milagros aparte, es la historia de un pueblo esclavizado que busca su libertad. Por eso funcionaba y esta no. Y al desconectar de los intereses de los protagonistas se vuelve tediosa. Tampoco ayuda sus giros emocionales previsibles hasta el extremo, dentro del arca; ni el epílogo interminable cuando todo está ya resuelto.

Algo que sí parece interesar más a Aronofsky es el planteamiento ecologista. A un nivel de simpleza naif tal que inicia con la cuestión de no arrancar las florecillas. Se sitúa en el ecologismo radical más reaccionario, contrario a cualquier tipo de progreso y tecnología "los animales se salvarán porque aún viven como en el paraíso". Una cosa es apostar por cuidar el planeta, y otra es satanizar el progreso y el conocimiento -un clásico de la religión.

Para terminar, no puedo evitar seguir sorprendiéndome, quizá porque peco de ingenuidad, que a día de hoy una película sobre un cuento de niños de mitología tan primitiva como es El arca de Noé, siga provocando controversia religiosa, por las decisiones que haya podido tomar el director. Que alguien se pueda echar las manos a la cabeza porque se haga un guiño a la teoría de la evolución, o que en la frase promocional se venda la película como uno de los eventos más importantes de nuestra historia. Igual lo del diluvio no es tan mala idea.



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