Crítica de la película El Niño Del Pijama De Rayas por Keichi

El horror desde la infancia


3/5
24/09/2008

Crítica de El Niño Del Pijama De Rayas
por Keichi



Carátula de la película La barbarie del holocausto siempre ha sido una temática fructífera para el cine, aunque no resulte habitual abordarla a través de la mirada del niño. La vida es bella de Roberto Benigni constituye un necesario referente a este respecto, aunque el verdadero origen de esta película haya que buscarlo en la novela homónima que adapta, un auténtico fenómeno de ventas del que la industria cinematográfica no ha tardado en sacar tajada. Es por eso que una de las mayores incógnitas de El niño del pijama a rayas era saber como iba a trasladarse a la gran pantalla su particular estilo narrativo.

Lo cierto es que Mark Herman ha manipulado el trabajo original de John Boyne hasta contar una historia que, si bien coincide básicamente con lo narrado en el libro, está abordada de un modo diferente al que lo hace la novela. La visión ingenua del mundo a través de los ojos del niño abandona aquí el humor y la ironía para enfocarse a través de un prisma más bien romántico. Es una decisión de guión ciertamente conservadora, pero tan válida como cualquier otra. Evidentemente, este nuevo punto de vista influye decisivamente en el modo de desarrollar el argumento.

En el film coexisten dos historias interrelacionadas entre si pero bastante bien diferenciadas, como lo son las vivencias personales de Bruno y la desintegración de su familia. Lo cierto es que la poca profundización en la primera hace que la película pierda muchos enteros. Sin ir más lejos, los encuentros entre Bruno y Schmuel son demasiado escasos y fugaces como para que el espectador llegue a asimilar la profundidad de su amistad. Algo más trabajada resulta la lucha interna de los adultos, divididos entre lo correcto y las obligaciones, un drama que se extiende más allá del núcleo familiar. Además, el guión también se atreve a adentrarse ligeramente en otro terreno habitual en este tipo de historias como lo es el del poder de la literatura como medio de escape de una realidad incómoda.

Assa Butterfield y Jack Scanlon encarnan con eficiencia a los dos niños protagonistas, aunque es el primero quién sostiene gran parte de la película con sus ojos azules, su peinado de corte dictatorial y sus ingeniosas ocurrencias. Lo mismo puede decirse de David Thewlis y Vera Farmiga, que no aprovechan del todo su potencial pero convencen. El resto de secundarios como Rupert Friend y David Hayman también cumplen sobradamente. La banda sonora del film es reseñable. Últimamente a James Horner se le suele acusar de vivir de rentas y aunque es cierto que la música que ha compuesto para El niño del pijama a rayas no perdurará en la memoria del espectador, si que es un buen trabajo.

El ritmo de la película es suave y elegante. El mismo comienzo del film -con esa bandera roja que se va ampliando hasta descubrir una esvástica que revela tras de si una idílica plaza- nos da una idea de que la ambientación no es en absoluto la esperada para una historia de este calado. Todo es maravillosamente luminoso, para que los contrastes ofrezcan una segunda lectura. Así, la acogedora opulencia de la casa de Berlín frente a esa especie de cárcel modernista a la que se muda la familia, la alambrada que separa dos mundos enfrentados o la propia climatología, días de sol y trinar de pájaros que la lluvia y las nubes destruyen coincidiendo con el final de la vida y la inocencia. Aunque algo simplista, no se puede negar que es un matiz eficaz. Pero si algo funciona a la perfección en la película es su desenlace. El director sabe manejar un clímax in crescendo hasta llegar a un final tan abrupto como desolador, ayudado sobre todo por la enérgica partitura de Horner. El fundido final de ese plano que enfoca la entrada de la cámara de gas se queda grabado en la cabeza del espectador como una imagen terrible y turbadora.

El niño del pijama a rayas ha cumplido sobradamente las expectativas, sin arriesgar demasiado pero consiguiendo un trabajo efectista que atesora ciertas escenas memorables. Es una lástima que no pueda obviarse la gran parte del mérito que corresponde a la novela original. Con semejante base y un equipo de calidad no era difícil obtener un resultado como este. Es por eso que la película no puede valorarse más positivamente, pero no por ello deja de ser un trabajo muy digno.




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