Crítica de la película Orígenes por Iñaki Ortiz

Pseudociencia ficción


3/5
17/11/2014

Crítica de Orígenes
por Iñaki Ortiz



Carátula de la película Los defensores de la homeopatía suelen alegar, en primer lugar, que no tiene efectos secundarios. Y en eso, claro, tienen toda la razón. De la misma manera, podríamos decir que Orígenes no tiene ningún defecto especialmente destacable. La homeopatía se envuelve en un halo de ciencia, con procesos que imitan el método sistemático científico. Esta película juega a lo mismo: mucha bata y laboratorio, experimentos, genética. Tanto la película como la homeopatía giran entorno a ideas bonitas, casi poéticas: el universo particular de cada ojo y la memoria del agua, respectivamente. Sin embargo, ni una ni otra tiene un efecto real. En definitiva, esta es una película muy homeopática.

Ciencia en Orígenes

Orígenes es ciencia ficción por los pelos. Toda la subtrama de sus experimentos genéticos no es nada del otro mundo, pero sobre todo, no termina afectando a la trama principal. Finalmente descubrimos que ese hilo se muere y su única finalidad es la de añadir peso al componente científico. Como el proceso de destilación continua de la homeopatía, que no sirve para nada, pero aparenta con sus mecanismos de técnica. El único elemento de verdadera ciencia ficción, y que es bastante ligero, es el del sistema de reconocimiento de retina a nivel mundial. Algo tampoco demasiado sorprendente, que si mañana está implantado, a nadie le sorprendería. Podríamos decir entonces que tenemos una obra de pseudo ciencia-ficción, aunque creo que la definiríamos mejor, reordenando de los operadores, como pseudociencia ficción.

La cuestión de si es o no es ciencia ficción, no importa demasiado a la hora de valorar la obra (otro tema será plantearse que un drama filosófico haya ganado el festival de Sitges). Lo que me parece interesante es que es una ficción que se apoya intensamente en pseudociencia, en lugar de la ciencia, con todas sus implicaciones. El personaje de Astrid Bergès-Frisbey (por cierto, actriz nacida en Barcelona) es casi una caricatura de chica espiritual, dispuesta a creer cualquier absurdo, siempre que tenga un trasfondo bonito. Lo que viene a ser una lectora potencial de Paulo Coelho. No falta en la película un viaje iniciático a la India, y la reiterada duda hacia el método científico, como uno de los temas principales. Tenemos debates que confrontan lo científico con lo espiritual, como en Interstellar, donde se enfrentaba la ciencia al amor. También con el mismo valor filosófico que en aquella; es decir, muy barato. Solo en una sociedad en la que el creacionismo puede estudiarse en las escuelas a la par que las teorías de Darwin, podemos creernos que el objetivo de un científico al estudiar el ojo humano sea la de negar una pseudociencia como la del "diseño inteligente". La continua necesidad de negar científicamente líneas de pensamiento que precisamente desprecian el método científico, es no entender la esencia misma de cada uno de los campos. Un absurdo similar lo encontramos en Ángeles y Demonios -sí, ese el nivel de simpleza: Dan Brown. Que el protagonista no sepa responder de manera elocuente a las simplezas relacionadas con el Dalai Lama no hace que el espectador tampoco pueda.

Ojos

El aspecto positivo de todo esto es que la película se puede ver como una muestra de todas estas actitudes. El oscurantismo que puebla nuestra sociedad y el lamentable desprecio del pensamiento crítico que se esconde tras algunas supuestas mentes abiertas. Me temo que no es el objetivo de Mike Cahill. Lo que sí parecer ser más su objetivo, y en este caso creo que sí está conseguido, es en el desarrollo emocional de los personajes. El protagonista lucha por superar una pérdida que lleva asociada emociones negativas, como la culpa o el solapamiento del amor. Es aquí donde Cahill se muestra más razonable, sin hacer un retrato grueso del amor verdadero, o mostrar reacciones desorbitadas. En su lugar, nos dibuja una pareja razonable, liberal, que es capaz de comprender las raíces del sufrimiento.

La moraleja es que todo este dolor interior lleva al protagonista a moverse por iniciativas abiertamente irracionales, entre la compasión y el autoengaño, dejando a un lado las pruebas en contra. El aspecto dramático está bien mantenido y la resolución es aceptable. Aunque por el camino, como buena pseudociencia ficción que es, hemos tenido que tragar sin rechistar varias casualidades inaceptables. Si al autor se dedicara simplemente a hacer un drama de personajes, probablemente el resultado final sería mucho más afinado. No resbalaría tanto en las cuestiones de la filosofía científica.

 

Turismo sexual

La India

Detrás de los hechos principales, tenemos otra lectura interesante sobre el turismo sexual en India. O quizá no. El caso es que la historia se puede reinterpretar superficialmente como la de un hombre que tiene problemas sexuales con su pareja y para solucionarlos hace un viaje a la India buscando una niña de ojos bonitos. Hasta pone un anuncio. Es cierto que este planteamiento está algo cogido por los pelos, pero si tenemos en cuenta el oscuro personaje religioso de la India, que apenas tiene presencia en la trama, podemos encontrar al menos un guiño en este sentido. Es posible que el director quiera poner a prueba al espectador, con la ambigüedad entre lo que pensaría un observador gris y cuadriculado; y lo que podría ver alguien que mira más allá, con una mirada más centrada en las emociones que en los hechos superficiales.



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