¡Hola de nuevo, Quevedín! Siempre es un placer debatir contigo.
Pero vamos a ver: si es que estoy totalmente de acuerdo contigo. El mensaje, a veces, es más importante que las cuestiones técnicas. No creas que yo soy una especie de autómata que considera una película como una sucesión de planos, escenografías e interpretaciones. Me encanta el cine precisamente por su capacidad para emocionarme.
Y a eso realmente voy: a las emociones. Yo me emociono con una película de Ken Loach y no me paro a pensar si lo que se manifiesta en mí son emociones de izquierdas. Y si veo una película de John Ford, tampoco reflexiono si esos vaqueros americanos me están trasladando un mensaje fascista. En ambos casos, me emociono, disfruto y doy gracias a Dios por que exista el cine. Punto.
Creo que despreciar determinado cine por su mensaje es quedarse sólo con una cara de la moneda. Yo, personalmente, no me gasto 6 euros sólo para ver en pantalla las ideas que me agradan, sino para ver buen cine, y eso incluye películas de directores de derechas, de izquierdas, gays, católicos, irreverentes... Y podría seguir hasta pasado mañana.
No voy a darle más vueltas al asunto porque no tiene sentido, pero seguiré recomendando a todo el mundo para que vea 300. Sin prejuicios. Sin inquietudes. Porque, al margen de su mensaje (que me la sopla) es una buena película.