Ay, Sherlock, este apodo tuyo va a ser tu perdición. No haces justicia a la criatura de Sir Arthur Conan Doyle.
Porque, querido precrítico, "El Número 23" ha salido rana. Joel Schumacher vuelve a demostrar porqué juega en la segunda división de Hollywood.
Para empezar, el tito Joel jamás ha hecho una gran película. Ya no pido que haga un puñado de obras maestras, como Spielberg, Scorsesse, Eastwood y otros genios vivos del séptimo arte. No. Sólo pido una gran película. Pues no la tiene. Y no sólo eso, sino que tiene en su currículum una de las cagadas más grandes que se han hecho en el cine de la últimas décadas: arruinar la franquicia más rentable de los años 90 con sus sonrojantes y homofílicas Batman Forever y Batman & Robin.
Así pues, esa teoría tuya de que Schumacher hace "una película buena y una película mala" yo mejor la dejo en que hace una película decente, una regular y otra malísima.
"El Número 23" es de esas pelis tan comunes últimamente que quieren ser retorcidas, con un misterio sobre el cual gravita toda la trama y que finaliza con un giro sorprendente. En sí, ya la idea es mala. Pero lo peor de todo es que Joel Schumacher nos quiere engañar a todos y trenza un argumento con más trampas que una peli de chinos, con cabos sueltos por todas partes y que te deja al final con un extraño regusto a que te han estafado vilmente.
Argumento: Jim Carrey es un tipo vulgar, un empleado de la perrera que, curiosamente, hace de Jim Carrey (no hay dios que evite que haga las típicos chistes estúpidos), hasta que su mujer que regala una novela sobre un detective llamado Fingerling y cuya vida gravita sobre el número 23. Aquí, la historia se bifurca en dos tramas paralelas, apareciendo Jim Carrey caracterizando a Fingerling y que sinceramente es de lo mejor de la peli, porque Carrey deja de hacer de "Ace Ventura" y llega a ser incluso inquietante.
Lo que pasa es que la ilusión dura poco, y a la mitad de la peli empiezan las típicas escenas increíbles que a todos los que nos gusta el cine nos hacen pensar: "anda, vete a tomar por c..., Schumacher". No quiero destripar mucho (y si lo hago, lo siento) pero quiero que alguien me explique dos cosas: - ¿Qué maldita casualidad hace que Carrey se encuentre siempre con el maldito perro justamente en los momentos precisos de la película? - ¿Por qué cierto personaje no recuerda nada de su "anterior vida" durante toda la peli, y luego se nos enseña que estuvo en un psiquiátrico con la mente ya recuperada? ¿No debería recordad, pues, que estuvo en una institución mental y que por tanto él tenía todas las papeletas para ser el asesino?
En fin: una película tramposa y absolutamente desprovista de originalidad. Mezcla "El Sexto Sentido" y "El Color de la Noche" (curiosmente ambas protagonizadas por Bruce Willis) y ya tienes "El Número 23".
Mensaje para Joel Schumacher y Jim Carrey: Nunca debísteis volver a trabajar juntos después de perpetrar "Batman Forever", desgraciaos.
Mensaje para Sherlock: vete a verla, que tengo ganas de leer tu crítica 100% subjetiva, ji, ji...