Es una película inusualmente española. Una pequeña maravilla que te encuentras de repente y que te engancha desde el principio por lo distinta. Está impregnada de un romanticismo dulce, tierno y triste.
Cuenta la historia de dos jóvenes cuyos mundos se entrecruzan, por un instante, se descubren, se atraen pero que, inevitablemente, están condenados a separarse.
Se agradece la ausencia de gritos y de diálogos innecesarios. Insinúa más que muestra. Es de una belleza conmovedora. Un juego de miradas, de gestos, de luces, de imágenes, de primeros planos.
Los protagonistas son dos actores excelentes en los que sorprende la variedad de matices de que son capaces de imprimir a sus personajes, pese a su juventud o, tal vez, gracias a ella. Tienen duende y la química entre ellos traspasa la pantalla.
Es una historia muy bien contada. Es una historia que dice mucho con muy pocas palabras.