Muy razonable tu crítica Taotaba, pero vuelvo a insistir que sólo desde el punto de vista cinematográfico, quizá narrativo. Es decir, sí que hay un evidente maniqueísmo ingenuo, sólo que precisamente esa es la materia 'naif' del recorrido narrativo. La guerra de irak, el pueblo saharahui, claro que son topicazos, pero sirven para eso, para explorar otro discurso que transcurre más desde las tripas que desde la forma. Para mí no es tanto una reivindicación ideológica -aunque esté incluida- como la historia de un descubrimiento de la propia sombra y de la 'luz al final del túnel', cuando la protagonista ha tenido el valor de atravesar sus terrores hasta el final. Es interesante que la prota sea novata, tanto en la vida real como en la ficticia, y que insista en buscar 'lo bonito'. No me diréis que no contrasta con la violencia de sus trágicos finales y con la escena del norteamericano apalizándola. Es un viaje-aprendizaje, algo chamánico y, por tanto, no del gusto de todo el mundo. Yo lo que he sentido -y no lo que defiendo, porque cada cual hace su lectura- es ese valor, ese conocimiento de causa del sufrimiento desde distintas perspectivas. Para mí sus otras películas son adolescentes, búsquedas con pequeñas trampas. En Los amantes jugaba a las casualidades -forzaba el encuentro narrativamente-, en Lucía y el sexo se inventaba un 'agujero' que al escritor le permitía volver atrás en la historia. Todo eran estrategias ficticias de quien no ha encontrado la verdadera salida a la tragedia, que es algo que siempre ha perseguido Medem. Y en esta película, en mi modesta opinión, el tipo ha entendido algo y te lo hace entender. Hay licencias, juego, si quieres hay metáforas y mitología, pero quítale todo eso y yo veo un esqueleto que va directamente a la esencia del sufrimiento. No lo ha pensado, lo ha sentido. Y a mí como espectador me ha llegado la autenticidad del viaje. Es decir, para terminar, que pienso que hay varias lecturas y entiendo que unas puedan oscurecer otras. Pero si te pones en la piel, que no en la mente, de la protagonista, es una bellísima metáfora de la naturaleza femenina, de su poder ancestral, a la vez que un honesto recorrido por todas las fantasías y, a partir de ahora, realidades del director. Me gusta Medem porque para mí ha pegado un estirón. A su lado Almodóvar y Amenábar me parecen juguetes de plástico. Con perdón.