Crítica de la película La chispa de la vida por Iñaki Ortiz

Buenas intenciones


3/5
07/02/2012

Crítica de La chispa de la vida
por Iñaki Ortiz



Carátula de la película Talento y buenas intenciones no faltan en la película. El talento de un Alex de la Iglesia que se mueve como pez en el agua rodando una estampida violenta de periodistas, el dolor en diversas formas y algunos hallazgos visuales como el protagonista aferrado a una estatua colgante. El talento de un José Mota que se esfuerza por demostrar que puede con un papel serio y, exceptuando algunos residuos inevitables de su oficio, lo consigue con una interpretación cargada de humanidad.

Buenas intenciones, las de esta historia plagadas de mensajes, de golpes afilados a los villanos de nuestro tiempo: los jefes, los bancos, los políticos, Telecinco. Imagino que el lector ya ha adivinado que uso el término "buenas intenciones" con regusto amargo y es que por más que pueda compartir la mayoría de los mensajes, estos son tan insultantemente evidentes que resultan demasiado cargantes. En varias ocasiones llegan a ser explícitos discursos lanzados en cerradísimos primeros planos. El director está tan empeñado en poner en boca del protagonista los lamentos de medio país, que sepulta por completo su película bajo esta idea.

Falta una resolución más redonda, más a la altura de las circunstancias, y quizá le sobra algo de lastre intermedio, pero por lo demás podría haber sido una original y ritmosa historia sobre nuestros tiempos difíciles, la dignidad, la perseverancia, la corrupción y la mercadería de vidas. Con atípico aunque excelente reparto, ¿por qué no vemos en más películas al carismático Antonio Garrido? Papeles a medida como son los de Juanjo Puigcorbé o Juan Luis Galiardo. Fernando Tejero acertadamente odioso. Todo enmarcado en esa gran idea del arquetípico teatro romano para escenificar la renuncia de la intimidad y los excesos de la televisión. No es la primera vez que, en el cine, se lleva al límite la inmoralidad de la televisión, sin embargo, hay algo diferente: estamos llegando a un punto en el que estas hipérboles de la falta de escrúpulos están cada vez más cerca de un retrato realista. Desgraciadamente, estamos muy cerca de que el destino nos alcance. Si es que no lo ha hecho ya.

La paradoja con este cineasta se repite una y otra vez: sus excesos son su motor y al mismo tiempo su freno.



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