En fin, pedÃa en mi precrÃtica que la pelÃcula tirase por los derroteros de lo cultureta y no cayese en una pelÃcula convencional de enumeración de desnudos y mecanismos varios del biopic. En suma, que se arriesgase.
Y la verdad es que no puedo objetarle que no se haya esforzado en lograr el riesgo, pero es que se ha pasado de cultureta y ha terminado siendo pretencioso y hortera.
Intentar salvar esta pelÃcula argumentando que ha querido trascender el mensaje a las formas y que lo que se ha conseguido es lograr una suerte de secesionismo vienés en cine me parece tan fútil como pedante.
Siendo sincero, la pelÃcula raya de tal manera la pedanterÃa, lo hortera y la pretenciosidad, que provoca risa desde el mismo momento en el que Schiller aparece en la primera escena yendo a la habitación de Klimt al sanatorio.
La misma sensación da la interpretación de Malkovich, que parece sumido de manera muy profunda en algún tipo de estado provocado por la ingesta de sustancias estupefacientes.
El mecanismo del personaje que parece real y sólo está en la mente de Klimt es, por repetitivo, merecedor de un corte de mangas, al igual que los intentos por recrear cuadros de Klimt en una historia cuyo mayor pecado es dedicarse a la narrativa del dolce fare niente contemplativo.
¿Qué quieren decir estas rimbombantes palabras? Nada, como la pelÃcula en sÃ, que se cree que por incluir "sesudos" diálogos en el café sobre el arte ya tiene licencia de pelÃcula de arte y ensayo.
...no va a encontrar mayor interés en mà este pestiño pedante, pretencioso y hortera.