
Seré sincero desde el comienzo: sentencié esta pelÃcula desde el minuto 15 de la misma. ¿Y por qué?
Porque para entonces ya habÃa escuchado todas las músicas de la pelÃcula, que luego vienen a repetirse hasta la saciedad en el resto de las dos horas y veinte; porque habÃa visto que el doblaje era malo y pésimo, no ya por las voces en sÃ, sino por la forma en que doblaban; porque ya se habÃa desplegado el humor que iba a marcar la pelÃcula, ese tan soez y tontorrón que puede hacer reÃr a alguien del s. XIX (si por lo menos fuese el de Wilde...), no, era el del vodevil; porque Schumacher te grita desde el comienzo que sólo le interesa como director la parte en blanco y negro granulado, que el musical para él es un corsé que no entiende, y pone el automático del movimiento de cámara vácuo; porque no habÃa espÃritu oscuro en la obra, ¿y qué puede ser un Fantasma sin ese espÃritu oscuro?
A partir de entonces me sentà liberado y me dejé engatusar por la dirección artÃstica, por esos decorados tan logrados, por ese cementerio nevado, por esos dominios del fantasma, por esos vestidos tan maravillosos (atención especial al que lleva Christine en el primer viaje a los dominios del fantasma). Y la pelÃcula avanzaba y el musical se desvelaba...desacertado.
No lo sé, pero para mÃ, un musical no es un conjunto de escenas en la que los personajes cantan aunque no necesiten hacerlo. Aquà canta todo el mundo y en todo momento, practicamente, con frases tan ridÃculas como "recibà una carta", "tengo un plan" etc. El concepto de musical que estoy manejando es aquél que necesita y se ve obligado a ampliar el guión basado en el mero diálogo para poder dar respuesta a unos anhelos de los personajes, que no podrÃan explayarse en meras palabras. En resumidas cuentas: para desgarrarse.
De ahà que en ese aspecto "Moulin rouge!" sea netamente superior, o que, puesos a instrumentalizar el musical en pos de la narrativa, "Chicago" mantenga el interés necesario en un equilibrio maravilloso entre musical y no musical.
Pero este fantasma no lo hace ni lo consigue ni lo intenta, y eso lleva a que sea un tostón plomizo, a que te den ganas de gritar que se dén prisa, porque el espectador no vibra con la música, y eso es lo peor para un musical. Si el sentimiento es desgarrado y la situación lo requiere, ele spectador esperará lo que haga falta, pero para que los actores digan vanalidades haya que esperar a que el tempo y las rimas casen, APAGA LA VELA Y VÃMONOS.
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