Crítica de la película Sleep Dealer por Keichi

El futuro es ahora


4/5
18/11/2008

Crítica de Sleep Dealer
por Keichi



Carátula de la película Muchos espectadores tienen una idea equivocada acerca de la verdadera naturaleza del término indie. A una inmensa mayoría le parecerá imposible compaginarlo con una historia de ciencia-ficción, sinónimo en el cine de espectáculo de luz y sonido. Pero lo cierto es que este género suele encerrar en sus adentros unas innegables pretensiones analíticas que van mucho más allá de ingenios robóticos y naves voladoras. En cualquier caso, no deja de resultar toda una aventura embarcarse en un film de ciencia-ficción en clave social. El director Alex Rivera lo hace con tesón y su esfuerzo se ve recompensado con una opera prima humilde pero tremendamente honesta en su denuncia.

Nos hallamos en un futuro cercano. La frontera entre los Estados Unidos y Méjico permanece cerrada a cal y canto pero los países desarrollados han encontrado un modo de seguir explotando a los más desfavorecidos gracias a las nuevas tecnologías. En esta distopía tremendamente realista es posible conectar a los trabajadores a máquinas que se encuentran en cualquier parte del mundo a través a una red global inalámbrica. Mediante esta especie de control remoto se sigue explotando al antiguo inmigrante, condenado ahora a la esclavitud dentro de sus propias fronteras. Otros males modernos como la privatización del agua por parte de corporaciones militares vienen a completar una visión nada alentadora de los tiempos venideros.

Después de perder a su padre en un desafortunado accidente, el joven Memo deja su campo natal para acudir a la ciudad de Tijuana en busca de trabajo. Allí conocerá a Luz, una escritora primeriza con la que establece una curiosa relación amorosa. Tanto Luis Fernando Peña como Leonor Varela construyen a sus personajes a través de unas interpretaciones tan íntimas como entrañables que sustentan por si solas gran parte de la película. En este sentido, es de agradecer que la historia sepa compensar poco a poco el cliché del inmigrante ingenuo con un retrato más profundo. En cualquier caso, un muy buen trabajo de la chilena y el mejicano. Completa el reparto un sobrio Jacob Vargas con poco peso en la historia.

Uno de los principales escollos de la propuesta era aunar una producción modesta con elementos futuristas. Sleep Dealer da justo en el clavo, ideando para la ocasión una tecnología que no rebasa el límite de lo creíble. De este modo la película consigue trasladar a la pantalla una estética muy acorde con esas fantásticas transiciones de imágenes superpuestas, las tonalidades fluorescentes del futuro cercano o los planos elevados sobre las ciudades y los campos. Los efectos especiales son sencillos pero muy convincentes. No era tan simple no caer en el exceso digital porque -aunque pueda parecer lo contrario- la producción es más estadounidense que mejicana.

La metáfora de Rivera no descuida a sus personajes ni renuncia a abordar otras temáticas ligadas al futuro. El mensaje social está presente en todo momento, pero tampoco hay que olvidarse de una segunda lectura que nos habla del uso racional de las nuevas tecnologías en el marco de la globalización. Como trata de demostrar su película, los seres humanos del futuro deberían estar conectados emocionalmente y no solo en lo económico. En este sentido, la aparición redentora del soldado de origen latino en la vida de Memo gracias a los textos virtuales de la escritora es más que explicativa.

Aunque es innegable que Sundance barrió para casa a la hora de nominarla al Gran Premio del Jurado, no cabe duda de que Sleep Dealer es una película de peso en la vertiente más solidaria del cine. Pero el acierto del film no está en lo que cuenta sino en cómo lo hace, aportando un soplo de aire fresco a un panorama atestado de historias sobre el drama de la inmigración. Compárese esta película con Padre Nuestro, con la que guarda infinidad de similitudes, premio incluido. La idea puede parecer oportunista, pero lo cierto es que a nadie se le había ocurrido antes acercar la ciencia-ficción a la cara oculta del estado del bienestar.

Aunque un tanto difusa en alguno de sus tramos, Sleep Dealer nos habla de cosas importantes y lo hace sin ocultar en ningún momento su condición de película pequeña. Eso es precisamente lo que la hace grande.




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Sleep Dealer en festivales: Festival de Sundance 2008 , Festival de San Sebastián 2008 , Semana de terror 2008




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