
He tenido ya la oportunidad de hablar de esta película con un par de compañeros precríticos y constato que la consideran una de las películas interesantes de la temporada. No seré yo quien lo niegue; desde luego, es uno de los títulos a tener en cuenta. Pero me muestro especialmente escéptico con ella. Y no por capricho.
Su realizador,
Steven Soderbergh, ha demostrado ya en innumerables ocasiones que no le interesa contar algo. No le interesa contar nada. Lo único que le interesa a Soderbergh es demostrar lo bueno que es. Alguno me dirá que cuál es el problema si, después de todo, Soderbergh es un tío con talento. Cierto. Y a mi de hecho no me importa que gente como Hitchcock, Kubrick, Coppola, Scorsese y demás me pasen por el morro lo buenos que son. Pero es que coincide que esos nombres citados siempre, o casi siempre, han estado también muy interesados en contarnos algo, hacernos ver algo, explicarnos algo, compartir algo con nosotros. Quizás no siempre, pero la mayoría de las veces.
Con Soderbergh ocurre lo contrario. Rara vez le he visto interesado en narrarme algo. Más bien todo lo contrario. Lo cierto es que con aquellas películas en las que directamente la intención es firmar un producto palomitero y de consumo fácil (
Ocean's eleven y
su secuela) el problema es más bien nulo, y disfruto abiertamente. Pero cuando Soderbergh pretende ponerse intelectualoide y dárselas de autor de obras maestras... no le soporto. No trago
Erin Brockovich, y cada vez que veo
Traffic me gusta menos. Eso por no hablar de
Solaris, que es infumable. Un bodrio. La mayor gilipollez que jamás haya sufrido la ciencia-ficción.
Barbarella es mejor película, vamos.
A lo que iba: Que Soderbergh se habrá matado a pajas con sus encuadres de la década de los 40, sus planos repletos de humo y de sombreros, y su fotografía calcada a la de
Casablanca. Lo veo venir: sólo le interesa eso. El resto, la historia, el "qué", es lo de menos para él. Lo ha sacado de una novela (de idéntico título) y probablemente se limite a ser fiel a ella.
Hay, al menos, algo interesante: comprobar que
Cate Blanchett es una de las poquísimas dignas herederas de aquellas grandes mujeres: Katherine Hepburn, Ingrid Bergman...
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