Las escenas de exorcismo, mucho más realistas que las de “El exorcista†no terminan de llegar a serlo del todo. Por mucho que se ha presentado a la pelÃcula de poco efectista, nos encontramos con efectos de deformaciones de caras digitalmente.
Los actores están correctos y los diálogos rozan peligrosamente el utilitarismo, y a veces el ridÃculo, aunque menos de lo que pudiera esperarse. Quizá lo verdaderamente malo es lo que no hay.
No hay ni una sola manifestación del diablo más allá de hablar lenguas muertas o extranjeras. Ha habido muchas opciones de introducir el verdadero sentido del diablo, la maldad, la tentación, las palabras susurradas al oÃdo que hacen que actúes contra tu propia moral. Aquà se limitaba a parar relojes y dar portazos. No quiero ese diablo. Una pena, porque la factura no estaba nada mal y todo en general era más o menos aceptable.