Crítica de la película Americano por Iñaki Ortiz

Interior, exterior


4/5
22/09/2011

Crítica de Americano
por Iñaki Ortiz



Carátula de la película Lo que nos cuenta Mathieu Demy en esta película se puede resumir fácilmente: un viaje interior a la memoria expresado a través de un viaje real. La fórmula es bien conocida. La gran novedad es que para plasmar los recuerdos el director ha usado un material real del que ya disponía. Las imágenes antiguas que vemos son los verdaderos Demy y su madre. Este refuerzo estético aporta un cierto valor de realismo a la película, aunque precisamente no sea una grabación espontánea sino una parte de un documental. En cierto modo, eso es patente, pero no tiene por qué resultar un contra, pues aun siendo ficción - cosa que en la película no pretende ser - no deja de ser un documento real y esta dualidad le da cierta magia a las imágenes. Un experimento interesante en cualquier caso.

El protagonista quiere estudiar el pasado de su madre y lo busca en su relación con Lola. No es casualidad que Lola sea el título de la primera película de su padre, Jacques Demy, y que trate precisamente sobre una cabaretera. Y es que, Demy (hijo), como director, en su ópera prima, ha debido tener muy presente que es el hijo de dos importantes cineastas, y que esa sombra se proyectaría sobre él. Busca en el trabajo de su padre, en la relación de este con ese trabajo y en cómo le ha podido afectar a él y lo plasma a través de sus personaje indagando en la relación de esa otra Lola con su madre. Un interesante juego de espejos, aprovechando el material real en 16mm.

Demy dirige sin alardes pero con mano firme, consiguiendo una buena factura y algunas escenas interesantes apoyadas por una gran banda sonora, especialmente por los temas no originales como el de Moderat (A new error) o el Going to a town de Rufus Wainwright cantado en playback por Salma Hayek en una escena tan artificial como sugerente. Sería más realista oír en ese club de Tijuana Pitbull y Shakira, pero acepto gustoso la licencia. Por otra parte la banda sonora original de Grégoire Hetzel, que por una parte extiende la partitura de George Delerue de las imágenes del documental, y por otro consigue una música sutil que encaja perfectamente. La parte mexicana recuerda un poquito a Santaolalla, lo cual me parece un acierto.

Hay un viaje interior en la mente del personaje y otro exterior desde francia a México. Hay una historia en el interior de la película que se escapa a cuestiones del exterior relacionadas con el propio director. Una buena película que guarda muchos más elementos personales de lo que parece.



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