Crítica de la película Mommy por Iñaki Ortiz

La opresión del plano


5/5
04/12/2014

Crítica de Mommy
por Iñaki Ortiz



Carátula de la película Hace no muchos años, en 2009, Xavier Dolan debutó con Yo maté a mi madre. Ahora estamos hablando ya de su quinta película, Mommy, que después de un trayecto por diferentes formas y temas, vuelve a contarnos una historia muy similar, pero con la experiencia que le ha dado la experimentación de estos años.

La madre, de nuevo es el centro de la historia. De hecho, es la misma actriz, Anne Dorval. El hijo ya no es el propio Dolan, que ya no es tan joven. Su papel lo ocupa Antoine-Olivier Pilon, pero grita tanto o más que él. Como en aquella, tenemos una relación de lo más tortuosa entre madre e hijo, solo que aquí, las complicaciones del chaval son más serias. Dolan consigue hacernos sentir su angustia, la opresión de un mundo en el que no encaja, su furia. En parte por la explosiva interpretación del actor, pero también por ese escope estrechísimo que nos mantiene encerrados en una pantalla donde no cabe toda la furia del chico.

En concreto, es un encuadre de 1:1, es decir, completamente cuadrado. No sería raro pensar en un adolescente de hoy grabando sus penurias con el formato cuadrado de Instagram e intentando compartirlas con el mundo que no le entiende. En algunos momentos de Yo maté a mi madre, Dolan juega a mantener separados en plano a la madre y al hijo, a pesar de que ambos podrían compartirlo, forzando el encuadre para dejarlos solos. Aquí la soledad es continua, ya que es muy difícil incluir a dos personajes en el mismo plano con el scope tan estrecho que se autoimpone. De hecho, el espacio es tan mínimo que para que dos personajes compartan el plano deben acercarse enormemente, lo que ocurre solo en algunos momentos intensos de la película. En cierto modo, parece que en la vida del protagonista, para conseguir cierta cercanía con la gente a la que quiere y no estar solo, tiene que trasgredir ciertos límites, y abordar violentamente la vida del otro, el plano del otro. Sea como fuere, Dolan consigue una experiencia asfixiante, intensa, que encaja a la perfección con el tono de la película. Además, el escope se convierte en protagonista en el que quizá sea el plano más emblemático de la película.

Otra que repite es la actriz Suzanne Clément, con un personaje en cierto modo similar al de Yo maté a mi madre, pues sirve como vía de escape para el protagonista y como profesora. Con la diferencia de que aquí adquiere un matiz de cierta extraña relación triangular, tan positiva como malsana, que el director ha ido trabajando en sus películas, especialmente en Los amores imaginarios. Su capacidad estética y su gusto por ciertos excesos formales, como las cámaras lentas musicales, está muy presente y articula momentos clave de la historia. En mi opinión, el resultado no es tan depurado como en Laurence Anyways. Quizá porque no ha llegado a algunas decisiones brillantes de aquella, o por el simple hecho de repetir demasiado su estilo. Puede que las escenas virtuosas estén demasiado encajadas en una historia visceral que no parece necesitarlas. Aún así, siguen resultando gratificantes.

Mommy de Xavier Dolan

Se diría que Dolan ha querido repetir su ópera prima ahora que tiene un bagage técnico suficiente para llegar a donde quiere. Quizá ha perdido cierta furia autobiográfica que encontrábamos en su primer trabajo, pero en conjunto tenemos una película mucho más redonda.



Google+

comments powered by Disqus
Mommy en festivales: Festival de Cannes 2014 , Festival de San Sebastián 2014




Más críticas de Mommy

No hay precrítica.
Desarrollado por Dinamo Webs
Creative Commons
Publicado bajo licencia
de Creative Commons