Hace bien poquito Mel Gibson firmó un truño de pelÃcula titulado La pasión. El gran problema, entonces, fue que lo único que vimos fue una gran paliza de dos horas. En todos los sentidos. Un coñazo de imágenes en las que, de manera sucesiva, vemos como a un tipo (que resulta ser Jesús, sÃ, el nazareno) le sueltan una paliza de órdago.
Pues bien; el equivalente estilÃstico de ese vacÃo temático, serÃa que nos apalizaran agresivamente con cortes continuos, incómodos, un empalago constante de encadenados, sonidos repetidos, ecualizados, retocados, tratados, programados y lo que queráis. Todo a toda hostia. Como digo, toda una paliza visual.