Crítica de la película La pasión de Cristo por Hypnos

Mal, mal, mal.


1/5
28/04/2004

Crítica de La pasión de Cristo
por Hypnos



Carátula de la película Hace ya algún tiempo que vi "La Pasión", el último trabajo del inefable Gibson. Y he tardado tanto tiempo en escribir la postcrítica porque me quise dar un margen a mí mismo para meditarla bien y no dedicarme a escupir sangre por la boca.

En estas líneas dejaré a un lado toda cuestión teológica, e intentaré centrarme en lo estrictamente cinematográfico.

La película arranca con fuerza, un travelling descendente desde la luna hasta al huerto de los Olivos para terminar acercándose por la espalda de un Jesús temeroso que reza. Hasta aquí llega todo lo reseñable de la película desde el punto de vista cinematográfico. El resto es basura.

Pocos textos como la Biblia existirán con tanta proyección cinematográfica, pues bien, Gibson ha conseguido lo que creía imposible, hacer una película aburrida. Se equivoca de lleno en la inclusión de los flashbacks, algunos de ellos, totalmente ridículos, verbi gratia, el de Jesús haciendo una mesa alta; otro grave error es el de la triple negación de Pedro. La película debía haber arrancado en la Última Cena.

A los veinte minutos, uno descubre ya las verdaderas intenciones de Gibson. Él no quiere hacer una película entretenida, sólo quiere reflejar lo que termina reflejando. Desde la misma captura hasta la muerte en la cruz se produce un rosario de golpes que terminan por desagradar y asquear.

La película cinematográficamente no vale nada, es un cero a la izquierda, y Gibson demuestra ser un director vulgar, que sólo sabe crear épica a base de escenas innecesariamente largas de violencia y cámara lenta.
De hecho, una de los aspectos que más me atraía de la película era el libreto en lenguas muertas, pero en cuanto oí hablar al primer romano se me cayó el alma a los pies. Está claro que el que los romanos pareciesen italianos no le importaba a Gibson lo más mínimo. Él va a lo que va y se nota lo agusto que está en la escena de los latigazos, se le ve disfrutar con la cámara, al igual que sucede con la crucifixión. Una serie de desatinos culminada con el momento a lo videoclip de Marylin Manson y un final que podría subtitularse como "Terminator. The resurrection".
A Gibson tampoco le ha importado que la música sea vaga e imite, ora al pentagrama de "Gladiator", ora a la partitura de "La última tentación de Cristo". Le da igual al sádico de Mel que la cámara no se dedique a los actores. Le da igual porque todo le da igual.

Porque lo único que le interesa es forrarse a costa de exhibirnos su visión más ranciamente conservadora del cristianismo mientras está recostado en su sillón contando los billetes.

Mal, mal, mal...INDIGNANTE.


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