Crítica de la película Fruitvale Station por Iñaki Ortiz

Papilla Wenstein – Oprah


2/5
24/09/2013

Crítica de Fruitvale Station
por Iñaki Ortiz



Carátula de la película Su mismo planteamiento ya me produce desinterés. Un hecho real, conocido, que conmovió a la sociedad americana; y para llegar a él se presenta la vida previa de la víctima. Me provoca desinterés, primero, por manido, por ser un mecanismo tan conocido que no sorprende en ningún momento. Ya lo hizo Gus Van Sant en Elephant y después lo han repetido muchos otros. Pero principalmente, porque no aporta nada a la cuestión principal. La brutalidad policial - extremísima en este caso- es inaceptable independientemente de que la víctima sea una bellísima persona o el mayor hijo de puta. Lo que se hace en la película con la beatificación del protagonista, es en muchos aspectos reprochable.

Para empezar, porque resulta poco creíble. Se quiere buscar una situación simple y carente de la más mínima polémica, para que sea recibida como una papilla fácil por la conmocionada sociedad americana, que parece solo querer ver una película de planos personajes buenos y malos. El público así lo aceptará bien y si se puede, se rascará un poquito el Oscar. Todos podremos sentirnos mejor y aparcar el suceso. Y esto es tanto así que el personaje principal se estropea, porque tiene que resultar tanto un santo (con el perro, con su madre, con su pareja, con la chica del súper, con las drogas...) que después sus arrebatos de ira y amenazas son completamente disonantes. Pero es necesario porque esto es un producto tan simplón que necesita un héroe sin peros.

Hay algo que me molesta aún más en esta cuestión. El repugnante mensaje que se esconde detrás de esta necesidad de héroe. Parece que cuanto más bondadosa sea la víctima más terrible es la brutalidad policial. Y claro, en el reflejo de esta idea se encuentra otra más oscura y muy del gusto de cierto sector de la sociedad americana: si fuera un hijo de puta, el hecho estaría algo más justificado. Horrendo.

Por lo demás, un discurrir de escenas para contarnos lo majo que era este chico, increíbles y anodinas; para terminar en unos veinte minutos -desde el incidente- con verdadero interés. No compensa.



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Fruitvale Station en festivales: Festival de Cannes 2013 , Festival de San Sebastián 2013




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