No puedo dejar de preguntarme por qué
se llegan a estrenar este tipo de películas en nuestro país. Las
puedo llegar a comprender como consumo interno, pero el porqué de estrenarlo
en salas de todo el mundo, se me escapa, o mejor dicho, el hecho de
que siga siendo rentable se me escapa.
En este caso, lo mejor que podemos decir de esta película es que podía ser peor. Se encuentra en la peor liga, las comedias románticas más convencionales y estándares. Aquí no encontraremos ni un punto gamberro, ni una estilización, ni sutilezas, ni el toque pop-indi-moderno, ni la comedia física más bruta. Nada, sólo el chico graciosete, apocado y entrañable, en sus más y sus menos con la chica guapa durante más de hora y media. Lo que todos sabemos. Aquí no hay Farrelly, ni Apatow, ni Webb, ni Smith ni nadie que pueda darle un toque personal a un producto de consumo. No hay escapatoria, ni sus guionistas ni su director son dignos de mención, sólo mercenarios.
Pero dentro de lo que cabe, digo que podría ser peor, porque dentro de su convicción de producto facilón más pasado que las hombreras, probablemente no caiga en los peores usos y se quede sólo en aburrida y no en irritante. Su protagonista, Jay Baruchel, al menos es un tipo válido. Todos lo recordaremos como aquel esforzado boxeador llamado Peligro en Million Dollar Baby. Más recientemente lo hemos visto como el soldado más avispado de Tropic Thunder. Seguramente aportará algo de dignidad a este trabajo de relleno.
Una película inofensiva, indicada sólo para quien valora muy poco lo que valen dos horas de su tiempo. Ni hablo ya de pagar una entrada de cine.