Crítica de la película Bestias del sur salvaje por Iñaki Ortiz

Soul food


5/5
21/09/2012

Crítica de Bestias del sur salvaje
por Iñaki Ortiz



Carátula de la película Soul food es esa comida sabrosa del sur de los USA, típica de la comunidad negra, especialmente de clase baja. Marisco, pollo con salsas agresivas y un poco indigestas, arroz... Es primitiva, todo lo contrario a los menús más sofisticados, estos alimentan los instintos más básicos. De eso va -y eso es- esta película.

Un reencuentro profundo con la naturaleza. Una reivindicación de nuestra condición salvaje, lejos de toda la civilización que nos aleja de nuestra supuesta esencia. Una denuncia de esa superficialidad absurda que nos atenaza -tanto como nos satisface- que recuerda en un modo distinto a la crítica de El club de la lucha. Defensa de otras maneras de vivir fuera del circo social en el que nos encontramos -para bien y para mal.

Para ello, esta película construye una fantasía distópica, amenazada por la subida del nivel del mar - con el consiguiente toque de atención ecológico. No faltan unos fastuosos planazos de glaciares derrumbándose, aprovechando su lirismo como ya hacía Schnabel en La escafandra y la mariposa, para generar tensión con su asombroso rugido. Crea todo un universo de ciencia ficción extraño, con sus propias reglas al borde de la irracionalidad, con más magia que razones. Algo como lo que podría hacer Jean Pierre Jeunet pero con una estética mucho más anclada en la realidad de las comunidades más pobres de la América costera. No es difícil ver el símil con las diferentes comunidades que si bien ahora no están separadas por un dique físico, si lo están por una barrera cultural y de dinero.

Lo adereza con unas terribles bestias, aterradoras, como salidas de las profundidades del infierno, unos uros, mensajeros de una extinción del pasado, una venganza de la naturaleza al estilo de La Princesa Mononoke de Miyazaki, pura expresión de la ira de la tierra. Estoy haciendo muchas referencias a posibles fuentes, voluntarias o no - podríamos también comparar su alegoría fantástica de la maduración con la excelente Donde viven los monstruos- y sin embargo, a pesar de tanto precedente -o quizá precisamente por eso- es una obra muy original y en un tono completamente nuevo. Quizá ese es uno de sus mejores valores, y lo sé, es caduco.

Pero con todos los mensajes, originalizad e innovación, esta es básicamente una película de emociones. Emociones intensas, como las salsas del soul food, sin demasiados rasgos sutiles. Obvias y al grano, pero tremendamente efectivas gracias a una realización impecable de ese novato, Benh Zeitlin, al que no pienso quitar ojo, y a una banda sonora potentísima, perfecta para un banquete de soul food, que está compuesta por ¡también Benh Zeitlin! Este chico vale millones.

La fiesta inicial es gloriosa, excesiva, envolvente. Con ese final en los créditos alumbrados por bengalas, como el más difícil todavía de una comunidad a la que ya sólo le queda la pura pirotecnia y el jolgorio en sus últimos días. Los detalles surrealistas como el gran bote de cristal escondido en el tronco, o la furgoneta reconvertida en balsa, son una maravilla visual.

No quiero terminar sin valorar el gran trabajo del reparto, que parecen sacados de un pantano de Florida. Especilamente bien los protagonistas, padre e hija. Algún momento algo más flojo pero no vale la pena ni comentarlo. Sin duda, una de las películas del año. Creará escuela.



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Bestias del sur salvaje en festivales: Festival de Sundance 2012 , Festival de San Sebastián 2012




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