Efectivamente, esta no es una de las mejores obras del director. No lo es porque resbala en un final demasiado mecanizado que se apoya en una repetición innecesaria y algo pesada. Mi valoración global de la pelÃcula, por tanto, se resiente notablemente. Ahora bien, eso no quita para que los detalles de este director diseminados a lo largo de la pelÃcula hagan que este visionado valga la pena. Eso sÃ, quizá estos detalles no son tan abundantes como en otras obras de su filmografÃa.
Detalles, que enumerados pierden en parte su magia, pero que debo comentar brevemente. Por ejemplo esos pies sobre las fotografÃas que se adhieren levemente a las plantas. Ese mundo de máscaras que ocultan la personaliad. Ese parque de estatuas poderosas como el cine de Kim Ki-duk, con esas manos que dan forma al cartel de la pelÃcula. Todo eso más, está muy bien, son pequeñas piezas que van dando una forma muy personal a la pelÃcula.
Aparte de esto, lo verdaderamente bueno de esta pelÃcula es su intrincada exploración de la obsesión y de la identidad. Soy muy amigo del cine de obsesiones y por ello he podido disfrutar de las necesidades y torturas autoinfligidas de estos personajes. Me encanta la escena en que ella le pide que piense en otra, maravilloso. Y como comentaba, ese estudio sobre la identidad, sobre la propia pero sobre todo sobre la ajena. Nos encontramos con reflexiones similares a las de Vertigo y otras ideas más rebuscadas.
Una pelÃcula que, una vez más, se muestra interesante aunque irregular con algunas escenas hasta ridÃculas, lo cual siempre es más interesante que la vulgaridad regular. Esperando su próxima pelÃcula.