Crítica de la película El secreto de Vera Drake por Hypnos

Una segunda hora de seis estrellas


5/5
07/03/2005

Crítica de El secreto de Vera Drake
por Hypnos



Carátula de la película
Yo haría una clara distinción entre la primera hora de película y la segunda hora de película.

La primera hora de película me estaba gustando, pero no llegaba a encandilarme. El film arranca con una gran parsimonia, con un ir y venir de casas, de sonrisas, de cocinas, en un tipo de cine agradable, neorealista, pero carente de la fuerza que Leigh exhibió en "Secretos y mentiras". Hasta la primera hora la actuación de Imelda Staunton no pasaba de ser un rosario de sonrisas. El guión no pasaba de un buen ritmo, apoyado en una detallista dirección, todo marchaba, pero faltaba algo.

En la primera mitad de la película Leigh se encarga de exponernos con gran calma, no exenta de tino, las relaciones de la familia Drake, magníficamente interpretada; me introduce en el segundo trabajo de Vera Drake con muchas mujeres y distintas historias, y con un sentido de la elipsis encomiable. Me enmarañaba en un "short cuts" en el que disfrutaba con el personaje de Nellie. No sé, me encontraba apuntalando un cuatro estrellas.

Pero es desde el momento en el que Vera Drake hace su visita fatal, desde cuando la fatalidad teje su hilo invisible, esas causas y azares que relataba Silvio Rodríguez, que la película me dejó pegado al sofá.

La calma y la tenacidad de Leigh en el montaje paralelo de la fiesta de celebración del enlace de Ethel y el discurrir de los acontecimientos en el Hospital. La aparición de la policía, magníficamente bien interpretados, la manera en que llega la policía a la casa de Vera. Es ahí donde cambia hasta la interpretación de Imelda Staunton. Todo empieza con la presentación del inspector en la sala, con un plano fijo y sostenido durante más de medio minuto en el que la cara de Vera se transforma en terror.
Es en ese momento, con la habitación repleta de gente en donde todo empieza a tomar sentido, hasta el papel negro de la pared, esa sensación de claustrofobia, esas escenas rodadas en un palmo de terreno, ese interrogatorio lento e intenso en la habitación en la que la luz se vuelve dura, nórdica, fría, esa nieve en la calle.

¡Y qué escena la del anillo! Creo que ni en todo "El Señor de los anillos" he sentido tanta emoción sobre un objeto como un anillo. La manera en que se lo quita, sabiendo todo lo que ese hecho significa.

El tercer ENORME momento de la película tiene lugar en la comisaría, cuando el inspector manda pasar al marido de Vera para que le cuente lo que realmente sucede. En un plano secuencia, la cámara hace un lento zoom a Vera y su marido, dejando a ambos márgenes a la policía y al inspector. El plano se va cerrando a la vez que el silencio de Vera y sus sollozos se hacen más largos. El Inspector rectifica su posición para quedar entre Vera y su marido, y la cámara sigue acercándose hasta que Vera decide acercarse al oído de su marido, tapar la oronda figura del Inspector y decírle a su marido al oído, de manera imperceptible lo que ya sabemos. PURA GLORIA CINEMATOGRÁFICA.

Pero Leigh sigue deleitándome con la utilización de la elipsis. Resuelve ese difícil momento de cualquier guión: contar a todos los personajes lo que el público ya sabe. De ahí que lejos de machacar lo utilice para aportar. El marido se lo cuenta a su hermano, para terminar de arrojarnos luz sobre esa relación fraternal, que se había apuntado en dos escenas de garaje. No obstante, Leigh evita mostrarnos el momento en el que se lo cuenta a sus hijos.

Y cuando parecía que el nivel se rebajaba llega otro MOMENTO IMPAGABLE. La escena de la fiesta de navidad. Un único plano secuencia para mostrarnos que es Navidad, la cámara recorriendo esa minúsucla habitación, hasta llegar a un objeto insignificante: una caja de bombones. Se la ofrecen a Vera, coge uno y comienza a pasarla, y la cámara sigue religiosamente el vagar de esa caja de bombones de la cual sólo comen aquéllos que están "a favor de Vera", todos salvo su cuñada y su hijo, con la excepción de su futuro yerno, que parece temeroso de coger uno. Pero cuando Sid lo rechaza, la coge, da las gracias y come uno de ellos. ¡Qué manera de utilizar la simbología! ¡Qué manera de contar visualmente algo complejísimo! ¡Qué manera de filmar!

Y, por último, me quedo con el plano final de la película. Así, sin más, acaba. Valiente, sí, señor. Atrás deja un socorrido y peligroso deseo por querer mostrar los inicios de Vera en ese menester. Lejos de explicarlo con el altavoz te lo apunta en una anodina conversación de alcoba con su marido sobre su padre y con un sollozo en una pregunta del interrogatorio.

Ahora bien, que se le pude achacar que aproveche Leigh para debatir consigo mismo a través de sus personajes. La posición de Sid y la del yerno parecen opiniones de debate, en un intento por dar diferentes versiones de un problema candente. De igual modo la conversación final entre Vera y las otras dos reclusas puede sobrar.

En resumen, una primera hora que linda las cuatro estrellas; y una segunda hora en la que se me disparan todos los pilotos. La media y lo justo es premiar este pedazo de celuloide con mis humildes 5 ESTRELLAS.


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