Pierce Brosnan dejó ya de ser el quinto Bond, y la taquilla 007 quedaba libre, vacante. Muchos nombres han sonado antes de la definitiva y más que conocida decisión final. Muchos actores no demasiado conocidos (los que más cerca han estado del papel, curiosamente) y mucho rumor de relumbrón (Clive Owen, Jude Law y tantos otros) que, efectivamente, nunca fueron más que eso: rumores.
Como siempre cuando una saga conoce un cambio, uno se plantea, ante los nuevos condimentos que se van conociendo, si servirán para cocinar algo más sabroso o si, simplemente, la cosa irá a peor. Pero tal y como pintan las cosas en la saga Bond, creo que las opciones son dos. La primera, que todo siga igual de mal; la segunda, la que desde luego nos gustarÃa, que se recupere algo del viejo sabor del personaje. Y sólo este camino llevarÃÂa a la mejora.
Y dejo para el final uno de los aspectos que más controversia han levantado: la elección de Daniel Craig para dar sexta vida al agente 007. Los fans del personaje (algunos, no todos, claro; aunque la verdad es que muchos) han puesto el grito en el cielo: Que si es el más feo de todos, que si no tiene nada de galán, que si es rubio, que si patatÃn, que si patatán, la tarara sÃÂ, la tarara no, la tarara madre que la bailo yo.
Y sÃÂ. Seguramente no es el más guapo de los Bond habidos y por haber en gran pantalla. Aunque David Niven tampoco era un Adonis, precisamente. Pero seamos serios, aquel era un Bond un tanto... descafeinado. Demasiado agitado. Y a Bond le gusta mezclado, pero no agitado. Asàque sÃÂ. Que el chico no es George Clooney. Pero tiene esos ojos que le permitieron, en Camino a la perdición, hacer del hijo de los ojos más famosos de Hollywood: Paul Newman. Y sus fans se aferran a eso... y a su aspecto más macho, más viril, menos elegante y de postÃÂn (como ha sido el último Bond, Brosnan). Y es que para gustos los colores. Y para culos, los bañadores.