En esta segunda pelÃcula volvemos a disfrutar de una Naomi Watts light, de un siempre inquietante David Dorfman, y de unos efectos especiales al servicio, más que del espectador, de la fantasÃa japonesa de su director. Pero, insisto, hay que partir de la premisa de que sobra toda esta secuela. Y, remontar un obstáculo semejante, debe merecer mi reconocimiento.
Para concluir, me sentà muy feliz de poder ver a Emily Van Camp ("Evrewood") debutar en producciones de TÃo Dollar. La pena es que quizá eso signifique el comienzo del fin de la carrera de una prometedora actriz.