María y yo es uno de esos documentales que destila humanidad por los cuatro costados. Se ve que está hecho con poco dinero, pero con mucho mimo y mucho cariño, cuidando el personaje de María y mostrándonos de forma pintoresca la forma de pensar de una persona con autismo. Veo muchos de los tics típicos del cine documental indpendiente en esta película: desde la propia concepción, los créditos y tipografías, hasta la anécdota de que esté basado en un comic. Sin embargo, y pese a que todo esto ya sería suficiente como para que me provocara un enorme rechazo, reconozco que María me ha caído simpática.
Ahora bien, lo que nunca hay que hacer, como repito una y otra vez, es confundirse de sala a la hora de ir al cine. María y yo no es para todo el mundo. Y, estando en verano, es posible que nos apetezca aplacar el calor con el aire acondicionado del cine y una buena película de palomitas.
A todo aquel que le apetezca una película pequeña, barata, humana y, admitámoslo, bastante indie-fila, ésta es su película. El resto debe huir a opciones más infografiadas...