Un muñeco medianamente parecido a una rana pero con color casi humano enseña pito y culo por doquier. Esa es la premisa argumental de una pelÃcula que solo puede aspirar a ser, o bien una bazofia, o bien una obra maestra.
Tsutomu Mizushima (gracias, señor, gracias por inventar el copy/paste) tendrá que pelar duro para caminar sobre la fina lÃnea que delimita la genialidad del ridÃculo y regalarnos, si lo consigue, una pieza cumbre del cine de animación.