
Pocos defectos se le pueden sacar a esta pelÃcula. Una dirección sobria, a la vez sucia y elegante. Unos actores muy convincentes, básicamente el protagonista y el antagonista. Una historia que se deja seguir sin incomodidad, más allá de la que puede producir el recuerdo de un pasaje de la historia tan oscuro. Un guión bien construido que trabaja la culpa, las dudas, los planteamientos éticos y los diferentes posicionamientos ante la ocupación nazi. Vemos también las cuestiones polÃticas de la iglesia católica.
Todo muy sobrio, muy correcto, bien documentado, etc.
Pero señores, ya hemos visto esta pelÃcula más de mil veces. Ya sabemos la historia del hombre bueno que sometido al horror de la guerra comete actos de los que se arrepiente (el tema de compartir el agua). Ya hemos visto muchas veces antes esas luchas dialécticas en una habitación que sostienen el esqueleto de la pelÃcula promoviendo la reflexión del espectador. Ya conocemos la estructura de los nueve dÃas que va a durar la pelÃcula. Sabemos de sobra también los malvados que son los nazis y lo mal que se pasa en los campos de concentración. Conocemos las torturas y las humillaciones. No nos sorprende la cobardÃa del secretario ni las diferentes reacciones en su familia. Nada de esto nos sorprende porque ha habido mil pelÃculas antes, unas buenas, otras malas, que ya nos lo han contado asÃ. Y por bien hecha que esté la pelÃcula me niego a regalarle una cuarta estrella cuando no se ha preocupado lo más mÃnimo en aportar algo nuevo.
Bien, pero mal.
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