
Quien más y quien menos, la mayorÃa se habrá tragado hace ya unos meses en el cine (si es que váis al cine) ese anticipo (le llaman
teaser, los yankis, a eso que nos pasan por el morro antes incluso de que lleguen los trailers) en el que un pingüinillo la mar de majetón se marca unos pasos de claqué que ni Gregory Hines. Entrañable.
La cuestión, ahora, es si con un pingüino cruzado con Billy Elliott se puede hacer una comedieta de animación resultona que, al menos, entretenga y cuente algo. Está difÃcil. Pero no sé por qué intuyo que la tonterÃa puede funcionar y que, además, puede andar más o menos cerca del tono sentimental (agradablemente sentimental) que tenÃa B
uscando a Nemo. Y, joder, un pingüino es, o puede serlo para este tipo de peliculillas, un animal de lo más gracioso. (Y dicen los que han estado al lado de uno, que infernalmente apestoso; pero eso no nos incumbe.)
La gran curiosidad llega cuando atendemos al nombre del director:
George Miller II. No es el director de una big band. Es, si buscamos en su currÃculum, el productor de
Babe, el cerdito valiente y el director de
Babe, el cerdito en la ciudad (la segunda parte de las aventuras del marrano). Se ve que Miller es experto en cine de cachorros. Pero la sorpresa, decÃa, viene si rebuscamos un poquito más en su pasado profesional. Es, también, el director de... ¡¡¡la trilogÃa
Mad Max!!! Y, además, productor de uno de los mayores pelotazos de la historia del Cine australiano:
Calma total.
En definitiva, que Miller II tiene un olfato para la taquilla prodigioso o, al menos, asà lo ha demostrado hasta la fecha, reventando el
box office americano con pelÃculas producidas y distribuidas desde el paÃs de los canguros. Mucho mérito.
En cualquier caso, una cosa es oler el negocio, y otra es tener buena mano para hacer bailar a un pingüino... con gracia.
comments powered by