Todd Haynes lleva relativamente poco rodaje a sus espaldas.
Lejos del cielo, ese melodrama en rollo clásico y
Velvet goldmine son sus tÃtulos más conocidos hasta la fecha. Esta última, de hecho, puede guardar cierta relación con
I'm not there, ya que también ahà Haynes centra su atención en varias figuras musicales, si bien entonces fue desde la sombra, con nombres falsos y perfiles camuflados. Pero Bowie y compañÃa estaban ahÃ, con uno u otro nombres.
Ahora, la figura escogida es
Bob Dylan y la apuesta, fascinante: Haynes lanza no uno si no varios retratos, múltiples visiones bien diferentes de las también muy diferentes fases de la vida del peculiar e irrepetible cantautor. Y para ello busca poderosÃsimos aliados. Son varios actores, muy potentes la mayorÃa de ellos (no todos) que, sin duda, echarán el resto por aportar su propia manera de ver al personaje y, por consiguiente, su modo de vivirlo. Me interesan, lógicamente, unos más que otros.
Me interesa ante todo lo que pueda hacer
Cate Blanchett en la piel de Dylan. Blanchett es de lo mejorcito que hay en el panorama interpretativo actual. Su manera de resucitar en la gran pantalla a Katherine Hepburn en
El aviador me puso los pelos de punta. Es única, magnética, casi siempre perfecta. Puro talento y puro carisma. Poder interpretar a Dylan va a ser para ella un regalo, un bomboncito que confÃo no va a desaprovechar. Ojito cara a los Óscar; estará allÃ, sentada, con su nominación en el bolsillo. Dicho queda.
Luego, claro, está
Christian Bale. Veremos qué parte le toca cumplir, qué años de la vida de Dylan, qué etapa. Eso influirá mucho no tanto en el rendimiento de cada actor como en lo que puedan brillar. En su lucimiento. Aunque Bale ya ha demostrado que puede ser bueno sin papeles de foco y aplauso.
Seguido, nos llegan elecciones curiosas (aparte de la de Blanchett, claro):
Heath Ledger puede entrar fácil en el juego, pero es más difÃcil imaginar a
Richard Gere interpretando al Dylan más talludito. De momento, asà lo digo: no soy capaz de verlo. Cuando lo tenga delante, en la pantalla, ya os contaré. Algo parecido me ocurre con
Ben Wisahw (el inexpresivo protagonista de
El perfume), al que veo demasiado seco e inalterable. Veremos... Y qué decir de
Marcus Carl Franklin, un mocosito negro sacado de la tele que, supongo, intentará convencernos de que puede dar su propia interpretación del Robert Zimmerman niño.
Puede que algunos fragmentos nos enamoren y otros nos decepcionen, o aburran, o indignen. No lo sé. Pero de momento mi atención e incluso mi entusiasmo son absolutos. Yo sà estaré allÃ.
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