Y no debiera estar Boyle anclado todavÃa en esa irregular fase iniciática cuando ya lleva varios tÃtulos a sus espaldas. Pero parece costarle dar el paso definitivo, ese saltito de madurez que podrÃa acabar por otorgarle el pulso necesario para realizar una pelÃcula redonda. Con Sunshine, sin ir más lejos, tenÃa material para hacerlo. Prueba de ello es que, teniendo en cuenta algunos de sus pequeños problemas finales, la pelÃcula es tan interesante como moderadamente compleja a la par que siempre entretenida.
Ese comandante de la Ãcarus I reconvertido en fantasmoide endiosado y psicópata tuerce la pelÃcula a una suerte de escenitas de pura factura serie B que despistan al espectador (o al menos ese fue mi caso) y que desmontan el tono mayor, mayúsculo, superlativo, que Boyle estaba consiguiendo en los minutos precedentes. Las escenitas del fantasma apixelado atacando a los tripulantes acaban por resultar un caos de montaje estúpido que llena la pantalla de ruido, explosiones y furia vacÃa, un follón que sólo "sirve" para que no nos impacte tanto el fuego, el ruido y la bellÃsima furia final. Una pena. Esa mano tocando el Sol. Esa mano en la que únicamente debió pensar Boyle en el tramo final de su pelÃcula. Mejor le hubiera ido.