La pelÃcula, finalmente, una vez encontrada esa identidad visual, se cimenta lógicamente sobre el guión y sus dos protagonistas (realmente, sus únicos personajes). Respecto al guión, lo primero que hay que destacar es su inteligencia. La premisa de levantar, desarrollar y cerrar una trama con sólo dos personajes enfrentados remite a La huella, pero nada que ver. Allà ya desde el principio se nos presentaba un misterio, una trama de puro suspense, de intriga, sobre la que ir hilando sus giros y diálogos. Aquà tan sólo tenemos una entrevista, casi al uso.
Pero sobre todo, más allá del talento conocido de Buscemi y del buen trabajo de Miller, los actores funcionan entre ellos. No importa tanto su resultado a nivel individual como la conexión que alcanzan entre sà en sus diálogos, en sus miradas, sus instantes de cercanÃa y sus momentos de fricción. Es decir, hay entre sus protagonistas, asà lo llaman, verdadera quÃmica. Es esta probablemente la mayor virtud de la pelÃcula.
Interview no nació con ningún tipo de mira pretenciosa, más allá de rendir homenaje a Theo Van Gogh (graciosillos los guiños iniciales: el fan chino y el camión con el que choca el taxi) cumpliendo su sueño de versionar tres de sus pelÃculas con dinero, escenarios y actores estadounidenses. Esta es la primera. Y me anima a ver las dos restantes. No es un tÃtulo pretencioso, ni mayúsculo, de hecho ni siquiera imprescindible; tampoco lo pretende. Su propia naturaleza, dos personajes, una larga conversación, lastra la posibilidad de buscar un tÃtulo redondo. Pero merece sobradamente la pena, es una grata sorpresa, algo asà como un soplo fresco y sin miramientos en plena cara.