Mientras el sÃmbolo de la productora hacÃa su aparición en la sala me dije: “que pocas ganas tengo de ver una pelÃcula sobre dos vaqueros gaysâ€. Y esto chocaba mis sensaciones inmediatamente previas. Llegar al cine el dÃa del estreno, me tocan unas palomitas con la entrada de cine, la sala a rebosar, comentarios aquà y allá sobre la presunta homosexualidad de ese par de cowboys. Parece que uno estuviera asistiendo al acontecimiento del año. Y justo antes de empezar, me entra la fiebre de las tres estrellas y pienso que a mà esa pelÃcula ni me va ni me viene.
La pelÃcula comienza, los vaqueritos pronto se echan sus miraditas, todo muy natural, muy moderno. El meteysaca se hace esperar, el ritmo es lento, más bien tranquilo, contemplativo, cada detalle tiene su importancia. Empiezo a perder la fe que pudiera quedarme en la pelÃcula porque no entiendo a donde se dirige. Empieza el “rodeoâ€. Todo muy salvaje muy animal. Los besos mal, aun no he visto a dos actores hetero besarse y que no quede acartonado. Total que termina la primera parte y casi me empiezo a inclinar por el tres porque la cosa no da para más.