Desde Chungking Express, primera experiencia que tuvimos por estos lares con el cine de Wong Kar-Wai, el particularÃsimo y muy personal estilo del realizador chino ha ido afianzándose con soberbia seguridad en nuestras retinas. Lo ha hecho a través de pelÃculas de retórica arriesgadÃsima, como fue el caso de la poética In the mood for love. Una pelÃcula lejos de la prosa, peligrosamente lejos del concepto de narración. Una joya.
Desde aquel Chungking Express, Kar-Wai no se ha bajado de su tren y ahora, dejando atrás 2046, sale por primera vez de su tierra, y de su idioma, para dar el salto a los Estados Unidos. Un salto, de nuevo, arriesgado. Pero diré más: paradójicamente arriesgado, porque el mayor peligro está en que el filmar en USA obligue -o incite- al maestro chino a perder algo de su naturalidad, de su fogosidad, de su florida capacidad de improvisación. Es decir: el riesgo de que apueste por un cine con menos riesgo.
Mi confianza, como admirador de aquellas pelÃculas suyas que ya he podido ver (que no son todas; ni siquiera son muchas), es alta. Pero no me atrevo a tener la chulerÃa de asegurar que esa confianza es total. Creo que no es asÃ. Aunque sà tengo la firme esperanza, plena -aquà sÃ- de que el lirismo visual, los colores, la música (¡esa música!), todo eso seguirá estando ahÃ. Y además está Natalie Portman. Y Jude Law. Maravilloso.
Por eso ya me merece la pena ir una y otra vez al cine. Claro que si no es sólo eso, y Kar-Wai pone toda la carne en el asador, mejor que mejor. Y una estrellita más que lucirá en la matrÃcula.