Y en semejante ensalada de despropósitos de libreto, Mehrige se limita a hacer lo que puede con una dirección fresca en contadÃsimos momentos, y tosca y visualmente iconoclasta en otros, en los que tampoco se justifica. Me quedo con los primeros tres minutos de pelÃcula. El arranque y esa presentación tan interesante del personaje de Ben Kingsley.
Un Ben Kingsley que se limita al "pasaba por allÃ" y al "me siento en esta mesa e improviso, ¿no?", que no consigue, desde luego, dignificar la pelÃcula en ningún momento.
De Carrie Anne-Moss poco se puede decir, teniendo en cuenta que su personaje se apellida Kullok.
En fin, y, para concluir, tenemos al esforzado Aaron Eckhart, que nos ofrece una interpretación de bisuterÃa de top-manta, en la que es incapaz de transmitirnos ni un ápice del tormento que sufre su personaje, sin tener que recurrir a los registros de la sobreinterpretación.
Con todo, un producto costoso de digerir, apto para su visionado en público, y decepcionante.