La pelÃcula creo que no nos ha engañado. Nos ha ofrecido belleza, relajación, naturaleza... como si fuera el chill-out cinematográfico. Un movimiento ligero sobre el lago que nos mece agradablemente. Un estilo de vida diferente, buscando la paz hasta el extremo más insospechado. Una llamada a fundirnos con la naturaleza y evitar los deseos apasionados, se dirÃa que al estilo Jedi.
Cuando llega el otoño vemos el choque con la madurez, la necesidad de tomar la responsabilidad de asumir lo que uno ha hecho, además de permitirse el descanso de la ira y el miedo, mediante la reflexión (tallar las palabras de su maestro). Por último el invierno, donde definitivamente ha alcanzado la madurez y ya sin su maestro (a parte de su presencia como serpiente), debe ser capaz de conducirse por la vida, incluso de imponerse sus propios castigos. Y vuelta a empezar con la primavera. Es el ciclo de la vida.
Todo muy bonito, y con una poesÃa visual que es de agradecer... pero, porque desgraciadamente hay pero, no alanza las quinta estrella. Porque tiene momentos algo tediosos como cuando hace penitencia llevando la estatua. Porque para una mente contaminada por la modernidad resultan cómicos ciertos momentos (infinidad de chistes le vienen a uno a la mente), y porque quizá todo es demasiado fácil y demasiado Coelho. Se queda en cuatro.