La ambientación en la plataforma bien podrÃa ser la de una buena pelÃcula de ciencia-ficción americana, al estilo Cameron. Pero no, esto es un drama. Audaz.
Sólo con esto y algo entretenido ya podrÃa valerme. Pero sigamos.
Pero no hay sorpresas, porque todo se va sugiriendo poco a poco. Primero detalle, luego sugerencia y por fin la información, nunca excesiva. Como es el caso de la idea de su hija muerta, ¡y descubrir que la narración en off es de la hija que murió hace años!, y que sigue en ella porque aun no ha sido capaz de superar aquellos hechos, quizá nunca lo haga, pero al final consigue dejarlo atrás. Maravillosa introducción con esa voz que evoca lugares y sentimientos.
Y esas conversaciones. MagnÃfica conversación con el oceanógrafo sobre el agua sucia bajo la tierra. A la vez que te muestra un poco más del personaje (y de ecologÃa de paso), te está hablando de como los sentimientos enterrados pueden producir daños al ser "perforados". Desde ese momento si no antes, la plataforma y sus perforadoras se convierten en una expresión de la transformación que está sufriendo ese personaje. Al final la plataforma quedará cerrada porque la transformación se ha completado.
BellÃsimo momento romántico con Javier Cámara y ella en los columpios. Canela fina. Constantes en el cine de Coixet: el tercer hombre que ama en secreto a la protagonista, el escuchar los sentimientos de otra persona hacia alguna otra y hacerlos propios (la grabadora).
Impagable cuando habla de su amiga muerta mientras vemos sus cicatrices y termina diciendo su nombre: Hanna.
Y tantas otras cosas que se me olvidan, o que no quiero completar aquÃ, o que aun no he descubierto.
Quizá me molesta levemente el sermoncete final sobre la guerra, pero no es demasiado excesivo y dado el punto de dramatismo al que se habÃa llegado era justificado.
Reencuentro muy poco apastelado, que retoma la pelÃcula y un final inmejorable. Una joya. Una joya.