Vamos a lo bueno: la ambientación histórica. Pronto aparecerá mi compañero Hypnos quien sin duda nos inundará con un diluvio de contenido histórico... yo seré mucho más breve.
Divido la cuestión en tres aspectos. En primer lugar el contexto histórico, es decir, lo fácil. El rey, Olivares, las guerras. Bien, esto es lo fácil. En segundo lugar algo ya más complicado, las caracterizaciones son estupendas. El vestuario hiperrealista con roturas junto a la axila y cuero desgastado, el sombreo impecablemente mustio de Alatriste, los artilugios, los personajes famosos como Quevedo (con corazón de Echanove) que está clavadito. Sà señor muy bien. Y aun y todo, no es lo que más me interesa. Para descubrir en qué hago hincapié yo en una pelÃcula histórica pasamos al tercer punto: la vida en la calle, lo que no aparece en los libros. La forma de hablar de los soldados, la casa sin muebles de Alatriste, las comidas, el barro, el sentir de la sociedad, las personas que discrepan de la mentalidad general y no creen en el cielo... toda esa recreación (excepto la extranjera voz de Mortensen) es inmaculada... no, si fuera inmaculada no serÃa tan buena, es hiperrealista.
Y aquÃ, señores, se acabó lo bueno.
Unos actores que están, simplemente están. Todo un plantel increÃble del cine español y lo que nos encontramos es una serie de figurantes representando su personaje histórico. Y qué decir del padre Emilio Bocanegra, creÃa que por lo menos fingirÃa otra voz. Si se trataba de representar a un personaje que parece una mujer, quizá no es lo más indicado darle ese papel a una mujer, aunque sin duda es lo más fácil. RidÃculo. Mortensen como digo, con continuos escapes de acento extranjero, que entre tanto orgullo español, disuena terriblemente. Presencia toda. Unax Ugalde que sólo se preocupa de ser guapo. Eduard Fernández no puede estar mal, eso está claro. Javier Cámara aguanta como puede.
Pero bueno, este aspecto podrÃa quedarse en justito. Igual de justita la dirección de DÃaz Yanes, muy preocupado en representar cuadros con el estilo de la época y planos fijos de callejuelas (mi aplauso a Paco Femenia, director de fotografÃa, que se sale) pero que no sabe ofrecer un ápice de chispa a su trabajo. Pero eso, justita, no mala, que podrÃa aun asà ser una buena pelÃcula como esperaba.
Sin embargo fracasa estrepitosamente en lo único que esperaba que de seguro fuera por lo menos entretenido: el guión. ¿A alguien le importa algo de lo que ocurre? Tenemos dos historias de amor a las que se les da un agradecido metraje y simplemente me importan un bledo. Si ellas y ellos terminan juntos o si se cortan las venas. Terriblemente narrado, sin garbo y sin emociones. Ya desde la presentación de la niña, que parece sacada de una pelÃcula mala de Vicente Aranda, pensé que la cosa no va a ir a mejor. Y en general, todo lo que ocurre, las peleas tan conseguidas y las batallas bastante pobremente rodadas, me importan un pimiento. Una narración interrumpida, yuxtapuesta. No hay emoción en la pelÃcula, en ningún sentido. No hay intriga, no hay humor (apenas), no hay drama, no hay pasión... ¿qué hay? Una finÃsima reconstrucción histórica. Me quedo también con el personaje, la grandeza de su patetismo y su orgullo español. Ojalá hubiera servido para algo.
Sobre todo aburrida, sin fuerza, merecedora de todo mi desinterés.