Una empieza la pelÃcula agusto. Ese Irons escupiendo sobre Pacino, parece que tiene miga. Luego se empieza a mostrar un montaje realmente torpe que pretende ofrecer ritmo y consigue atropellar. Una dirección bastante pobre y sosa. Podré soportarlo, me quedaré con lo demás.
Aparece entonces Joseph Fiennes y el hombre se cree que está en una obra de Shakespeare... y no lo está, está en una pelÃcula. Y hace gestos forzados y movimientos reverenciales, pasos estudiados y coreografÃas estúpidas donde sus manos se van explicando lo que dicen sus labios. Una mierda. Descubro pronto con estupor que prácticamente todo el reparto a excepción de los dos monstruos, están infectados de esa enfermedad teatral. Seguramente lo que querÃa el director, y seguramente Irons y Pacino le mandaron a tomar viento y cualquiera les tose. Por eso sus interpretaciones están muy bien y las del resto son de risa, el contraste favorece a ello.
En todo caso, hasta ahà incluso lo podÃa pasar, pero resulta que la historia empieza a tornarse en un divertimento estúpido. Llega el juego de las cajas. Esto parece el “un, dos, tresâ€... y hasta aquà puedo leer. Un concepto parecido está mucho mejor plasmado al final de “La última cruzadaâ€, mucho más refinado. Las tres escenas de cajas resultan extremadamente ridÃculas, de comedieta barata.
Pero cuidado, que llega la traca final que le hace bajar al dos.
La escena del juicio. HacÃa mucho que no veÃa nada tan sonrojante. Por un lado, el autor que se habÃa mostrado adelantado a su época con el famoso speech “[...]¿no reÃmos si nos hacen consquillas?[...]†con el tema de los judÃos en unas escenas anteriores, nos da en la escena del juicio un recital antisemita que hará las delicias de los productores judÃos de Hollywood. Con razón se encuentras pocas (por no decir ninguna) otras adaptaciones, más allá de los años 20.
Qué buenos son los cristianos que perdonan y dan préstamos gratis y que hijoputas son esos putos usureros judÃos, todo el dÃa pensando como lucrarse con el dinero del prójimo y vengativos como el diablo... y esto vienen a decirlo más o menos asÃ, tampoco cambiando mucho las palabras. Que me digo yo, que con lo manida que está la palabra antisemita, se queda corta para esta historia.
Pero aunque lo pueda parecer, esto no es lo peor. Una cosa es ofender a un pueblo y otra ¡al público! Con esa pantomima de mujeres disfrazadas ¿¿¿para qué??? Irrumpiendo en el juicio y tomando el control absoluto de la situación. Decir forzado serÃa como decir antisemita. Y cuanto una espera la argucia judicial que salve al deudor con algo asà como que él puede elegir la parte del cuerpo que puede cortarse (esto molarÃa especialmente), se sacan de la manga la tÃpica argucia de niño de ocho años, de “has dicho carne pero no sangre... has dicho una libra pero ni más ni menosâ€... En ese momento uno siente ganas de gritar con todas sus fuerzas a la pantalla ¡¡¡ tongoooo !!! Mientras siente el escupitajo mayor (ese como un par que recaen sobre Pacino) impactando sobre su ojo. ¡¡Terrible!! Y el judÃo, por supuesto humillado (además en el último momento), por unas leyes que hacen lo que le da la gana a una mujer vestida de hombre que aparece por allà con una carta de un viejo. Tanto fingir que el quid de la cuestión era que las leyes de Venecia no podÃan hacer excepciones por la reacción que podrÃa provocar etc. (eso está muy bien) y luego van y se lo pasan por el arco de triunfo. Lamentable. Lo único bueno de la escena, Pacino afilando el cuchillo. Por supuesto el público todos de parte del cristiano (que me rÃo yo... como que no iba a haber judÃos apoyando al otro). Nos lo plantean como una complicada situación de clases y religiones y luego es una pantomima de crÃos. Para terminar la escena, le quitan todo el dinero al judÃo, asà por la face y encime ¡le hacen convertirse al cristianismo! Venga, quiero más. De lo más sonrojante.
Como broche de oro, la historia de los anillos que resulta un alivio porque no es tan terriblemente mala como la anterior, sólo bastante mediocre.
Salvo a Pacino, a Irons y a algunos diálogos dispersos sobre esta verdadera mierda.
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