Tiene un grave problema: con sólo 95 minutos le sobra metraje. No es que se haga larga realmente, se ve a gusto, pero tiene una serie de escenas que vienen a explicarnos unas situaciones de sobra conocidas que se mueven con lo mecanismos habituales. El protagonista debe alejarse cuanto pueda de su mujer, debe perder su trabajo, no conseguir el préstamo y toda la serie de calamidades cotidianas que ya se plantean al inicio y que deberán transformarle por un dÃa en un terrorista suicida.
El problema no está en la previsibilidad absoluta de los hechos, pues tampoco se oculta nada. El problema viene dado por un creciente desinterés ante la repetición de escenas, cada vez con mayor intensidad, que ya conocemos y que nos separan del final que estamos esperando.
Bien, dicho esto podrÃa terminar diciendo: todo lo demás, muy bien. Y es que el resto de los aspectos de la pelÃcula están muy cuidados. Una dirección delicada y detallista, con el toque justo de estilo independiente. Con momentos tan lÃricos como los de las gotitas de agua en el grifo a modo de transición. Un estilo contenido y horadante. Un final crudo y sin adornos. Muy bien hasta el último plano de Penn jugando con el avioncito. En la precrÃtica dije que todo serÃa correcto, pero es que todo está mucho más que correcto.
Y un aplauso personal para ese Sean Penn que demuestra que aún le quedan muchas pelÃculas antes de que el sÃndrome De Niro acabe con él. Está brillante, con ese look del padre de Emilio de “Aquà no hay quien viva†y esa riqueza de inseguridad, autoconvencimiento, engaño, todo eso está muy bien. Él está muy bien. Naomi Watts como siempre, enriqueciendo. Don Cheadle eficiente como siempre. Una mención especial para Jack Thompson, el vendedor implacable, que derrocha carisma por todos sus poros.
Asà que sin ocultar el resquemor de ese metraje sobrante me atrevo a decir que he visto una muy interesante pelÃcula. Seguiremos con interés a este Niels Mueller