Uff...¡qué pereza me da escribir esta postcrÃtica!
Empecemos. Daniel Monzón hace un intento, no es bueno, tampoco fácil y sà muy necesario para el futuro del cine español.
Su pelÃcula es un rompecabezas que no engancha en ningún momento. Un juego en el que ningún personaje resulta creÃble, en el que el héroe encarnado por Hutton está más preocupado por explicarle al espectador lo que sucede a cada momento, que en actuar. Una enésima prueba más de lo terriblemente malo que es doblar pelÃculas y que sean los propios actores españoles los que se doblen a sà mismos. Cuando el guión llega a un sitio, el espectador que haya consumido unas buenas horas de cine hace tiempo que ya estaba. Esto lo entiendo viniendo de un director como Pablo Malo que abiertamente dijo en una entrevista que no acostumbra a ver mucho cine, pero no me lo esperaba de alguien con carné de crÃtico de cine.
Lo único bueno que le he visto a la pelÃcula, además de sus huevos y de su intento, es el planazo con el que rueda el intento de suicidio de la protagonista. Ahà sà que demuestra que ha visto mucho cine, pero desde luego en el guión no.
Uno no consigue meterse en una historia a la que le falta muchÃsima atmósfera, y es que este tipo de historias cerradas y claustrofóbicas se lo juegan todo a esa carta: a la atmósfera, al que parezca que cada escenario está repleto de gente que está ahà por un motivo, y sobre todo a un malo que imponga, cosa que no lo encuentro en esta pelÃcula.
La escena climática adolece de suspense y como sugerencia, hubiese disfrutado mucho más si se hubiese llevado a todos los de la empresa a una sala de conciertos y que la quinta canción que tocasen fuese la maldita. Eso sà que hubiese demostrado que ha visto mucho cine y eso sà que hubiese creado un suspense y clÃmax apoteósico.
Lo lamento, sé que al que le guste no me entenderá, dirá que no doy argumentos suficientes, pero es que este film no supera el abc del género. Buen intento, pero insuficiente.