La ópera prima de Anna Sanmartí nos ofrece un documental en Mongolia. Un viaje de cámara en búsqueda que trata de mostrarnos el universo de su esencia simplemente contemplando, observando y sendo testigo. No apta para impacientes e hilarantes, el metraje es una curiosidad sana y calma que disfrutar en silencios, su falta de diálogo así lo atestigua.
Si a veces en muchas imágenes de similar categoría uno hasta necesita simplemente mirar y no escuchar al narrador, en este producto se cumple a la perfección. Observa a la vez que captura, enseña a la vez que ve, desapareciendo del medio, quitándose todo lo posible entre el espectador y el espectáculo. Creo que para los que busquen sinceridad y tranquilidad, es una oferta irrechazable, para los que buscan conocer, conocerán.