Se agradece, cuando menos, que la pelÃcula no caiga de manera machacona en esa historia sentimental que asoma poco a poco, entre Chris Evans y una sosona Scarlett Johansson (últimamente su repertorio gestual pasa del gesto de sorpresa de chica tonta a su ya clásico "poner morritos"; se nos va, se nos va...). Es un affair que el guión aprovecha como contrapunto y casi como apoyo para el devenir de su trama principal, siempre con el niño y esa madre rica frustradÃsima a cada lado de la niñera.
Hay situaciones interesantes, hay momentos bien plantados en escena y es una pena que, por la pura inercia de la pelÃcula, vayan desapareciendo para terminar desenredando la madeja justo como sabÃamos que iban a hacerlo. Los personajes quedan justo donde sabÃamos que quedarÃan. Nada nuevo bajo el sol.
Cierto es que uno lo lamenta menos en ese cierre, porque ya a la mitad de pelÃcula habÃa perdido toda esperanza de que esos apuntes iniciales fueran idea constante, estilo y seña de la pelÃcula, pero aún asà queda un sabor agridulce. Se nota que hay gente inteligente detrás del proyecto, y a pesar de los dudosÃsimos mimbres argumentales con los que trabajaban, han confeccionado un producto que se puede ver, con dignidad. No es la clásica comedia estúpida, no. Pero a su vez está muy lejos de lo que, seguramente, ellos pretendÃan. Pero lejÃsimos. No era este el camino.