Tras una entretenida The Convent, Mike Mendez, un habitual del género del terror no excesivamente conocido, regresa cinco años después de su anterior pelÃcula con una historia de terror clásico que sirve como homenaje a las influencias cinematográficas del director. No cabe duda de que el argumento del film es de base clásica, pero lo cierto es que resulta igualmente divertido. Tres antiguos compañeros se reúnen en el funeral de un amigo común tras años sin verse y después de una alcoholizada celebración del rencuentro -e inspirados por una misteriosa tarjeta depositada sobre la lápida del fallecido- terminan bailando sobre las tumbas del cementerio. Por desgracia para ellos, los espÃritus que moran bajo tierra no comparten la felicidad de los vivos que pisan su morada eterna y se levantan dispuestos a llevar su venganza hasta las últimas consecuencias.
Da comienzo asà un pelÃcula que se haya dividida en dos partes claramente diferenciadas entre sÃ. Una primera se centra en el misterio que rodea a las extrañas apariciones en las casas de los protagonistas y se configura como si de una pelÃcula clásica de terror se tratase. Tras desvelarse que los malvados fantasmas que acosan a los personajes son en realidad asesinos despiadados que no cejarán en su empeño hasta llevarlos a la tumba y contactar con un grupo de profesionales de lo paranormal, el film se transforma radicalmente. Es entonces cuando Mendez da rienda suelta a su habitual mala uva y se divierte mostrando en pantalla a sus monstruos cubiertos de sangre. En el último tramo, la pelÃcula se desmadra por completo, perdiendo el poco sentido del ridÃculo que le pudiera quedar, pero esa es precisamente la intención de su director. Y el público aplaude entusiasmado.
A pesar de una evidente falta de presupuesto que se deja notar sobre todo en esta ultima parte, lo cierto es que el film de Mendez resulta muy divertido. Los actores, liderados por un aletargado Dominic Purcell, están correctos y la pelÃcula funciona como film de acción, terror y humor, aunque fracasa en su intento de coquetear con el drama. Ciertas escenas como aquella en la que se descubre el siniestro pasado de los moradores de las tumbas profanadas, toda la parte desarrollada en la casa cercada por unas rejas sobrenaturales o el rescate final en coche por parte de la mujer del protagonista son de lo más divertido que se ha podido ver en tiempo en el género del terror. !Si hasta hay una escena en la que uno de los fantasmas desciende del techo ayudado claramente por unas cuerdas! El director, lejos de tratar de ocultar el espÃritu humilde de su film, lo potencia y ahà radica la clave de una pelÃcula de la que puede decirse que es mala pero nunca aburrida.
Es de agradecer que cuando todo el mundo trata de innovar con historias complejas -que a veces ocultan importantes vacÃos argumentales- y efectos especiales que convenzan a todo el mundo, haya un director que, consciente de sus limitaciones, se atreva a rodar su pelÃcula con tanta humildad y logre semejante resultado.
En resumidas cuentas, Mike Mendez se divierte y nos divierte sin mayores pretensiones que las de homenajear al cine de terror de los ochenta y filmar una pelÃcula entretenida y en ese sentido su trabajo es más que aceptable. Sin duda, una pelÃcula que de haberse estrenado hace 20 años estarÃa destinada a ser un clásico de videoclub. La apariencia de serie B del film, acentuada en su última parte, no desmerece en absoluto el resultado final.