Tiene un gran atractivo esta pelÃcula, al menos uno, y es que en Venecia, la crÃtica más viejita y apoltronada se ha rasgado las vestiduras tras su visionado, escandalizada, asustada y asegurando que, vaya por dios, se han sentido insultados. Ni que decir tiene que todo esto convierte a The fountain, de golpe, en un tÃtulo muy interesante. Vamos, que más allá de mi impresión particular sobre la misma, ganas hay de verla, claro que sÃ.
Ahora, sin embargo, aparece con un tÃtulo de proporciones mayores y, sobre todo, y como bien anunciaba mi compañero Beiger en su precrÃtica, con el listón de pretenciosidad estampado contra el techo, allá, en lo más alto. Y me da a mi que ese subidón de ego responde más a su repentino status de joven autor tan bien considerado, que a una evolución lógica de su filmografÃa. Insisto: dos pelÃculas, pequeñas en medios, medianas en pretensiones, importantes en estilo.
No era el momento, creo, para The fountain. No lo es. Pero aún asà es un tÃtulo que no podemos perdernos. Aunque llegue demasiado pronto.