Y sin perder el ritmo documental aparecemos de lleno en ese complicado juego de paradojas que parece casi una rutina. Las escenas explicativas se saltan porque ya las hemos visto en otras pelÃculas. Y, ya hacia el final, (confieso haberme perdido en los últimos veinte minutos), las paradojas más complejas hacen su acto de aparición provocando el esperado caos.
Al final, parece que el matemático no nos ha mostrado nada de matemática como sugerÃan algunas voces (como la indeseable del Teso, que seguro se ha perdido en los primeros diez minutos). Más bien fÃsica. En todo caso, hay que decir que nos ha mostrado una originalidad patente a lo largo de toda la pelÃcula, y sorprendentemente, una dirección más que a la altura del resto. Ya desde el primer plano de cuadritos de luz que pasan a ser las ventanas del garaje. Esas escenas de montaje discontinuo y a veces desordenado que resultan muy oportunas, y sin abusar. Y sobre todo ese tono de realismo.
En los últimos dÃas he visto dos pelÃculas de aspecto realista: “Nadie sabe†y “Primerâ€, la gran diferencia es que la primera trata hechos reales, sociales. La segunda trata de unos tipos que inventan una máquina del tiempo y viajan todos los dÃas al pasado para ganar dinero. Y he de decir que esta me ha parecido más realista y, sobre todo, más coherente.