De ninguna manera se me han hecho pesados los 100 minutos (que no es poco) que dura este documental. Los estilos visuales, algunos innovadores, ayudan mucho. La banda sonora, uno de los mejores amigos del documental como ya descubrimos en “La pelota vasca†está aquà perfectamente aplicada. No es el tipo de banda sonora que escucharÃa en CD, pues por sà sola no es gran cosa, pero dentro de la pelÃcula, cada tipo de música se adapta a la “escena†con fuerza, a veces es una música muy “putaâ€. La alternación, ya habitual, de diferentes situaciones hace más entretenido el documental. Es insolente y descarado.
Esto no es un documental desgarrador, aunque tiene algunos momentos dramáticos. Es una interesante recopilación de testimonios. No nos descubre nada nuevo, pero nos recuerda que está ahà esa realidad.