Para seguir, las voces que sà oÃmos aquÃ. La voz de Caine es más aceptable, pero la de Law... madre mÃa; es ridÃcula. Un error inexplicable. Llegando a lo payasesco en algunos momentos. Por eso os ruego que veáis la pelÃcula en versión original; para poder disfrutar las dos grandÃsimas interpretaciones, no la veáis en esta inaceptable versión doblada.
Porque, sÃ, Caine y Law están inmensos. Cada uno en su estilo. Caine sereno, consciente del poder de su mera presencia, potente sólo en los momentos precisos. Law más directo, impulsivo, brillante y agresivo. Es un duelo precioso; sólo por esto merece la pena ver La huella. De largo.
El problema, el único problema, quizá, es que donde Pinter más deja su huella es en ese tercer acto que añade de su propia pluma respecto a la obra original. Y ojo, me gusta mucho por dónde tira, incide de manera muy acertada en ese acercamiento viciado entre ambos protagonistas a base de la pura derrota emocional del otro. Pero la estructura se desequilibra un tanto, en cuanto a tiempos -no han sabido regular lo suficiente el giro hacia ese tramo final-, y sobre todo la visagra (la treta intermedia que usa el personaje de Law fingiendo que, ahora sÃ, quiere robar las joyas) es un tanto endeble. Es creÃble, sÃ, pero no tan intensa ni desde luego brillante como los pasajes anteriores.
O el siguiente; porque una vez en materia, el tramo final me gusta. A los que disfrutaron con la simpleza purista pero entretenÃdisima y diabólica de la pelÃcula de Mankiewicz quizá les cueste aceptar este nuevo acto, pero a mà me gusta esa tensión directamente homosexual, esa materialización del sutil y cada vez menor espacio de aire respirable que separaba a los personajes en los mintuos anteriores.