Jamie Foxx es un tipo interesante que, sin embargo, acabará teniendo una carrera sólida pero no brillante y, por lo general, enmarcada en pelÃculas como esta que nos ocupa. Principalmente porque ya ha demostrado que lo que le mola es estar cachas, poner cara de duro, andar ladeando sus hombrazos de armario al ritmo del hip hop de sus colegas y pegar tiros a diestro y siniestro. Vamos, que le mola la acción.
Eso no quita que, de tanto en cuanto (porque el muchacho es bueno) le veamos en este o aquel proyecto más interesante (empezamos a conocerle en la maravillosa Collateral, no lo olvidemos), pero que nadie dude que, ya que citamos a Michael Mann, generalmente Foxx estará más cerca de pelÃculas como Corrupción en Miami.
O como La sombra del reino (estúpida "traducción", una vez más, del original The Kingdom; ¿desde cuándo los reinos proyectan sombras?; las sombrilla sÃ, y los árboles, y la gente cabezona más que la menudita, pero... ¿los reinos?; hasta los huevos de la sombra del testigo, la sombra del asesino, la sombra del maleficio, la sombra del reino, y la sombra del asesino mortal del hilo dental letal).
La peliculilla de marras, que tiene una pinta de rollo mil veces visto que tira para atrás, la dirige Peter Berg, ese actor secundario al que hemos visto en pelÃculas mil como Copland, la propia Collateral, La última seducción, Leones por corderos (de la que ha fichado a su guionista), o una pelÃcula que no he visto pero que tiene un tÃtulo cojonudo: Corky Romano. Con ese tÃtulo, algo ha de tener. Aunque sea (seguro) una basura.