Las referencias son palpables. No sólo las ya citadas si no otras: La ronda de detenciones es igualita a la que cierra Uno de los nuestros. Denzel Washington gesticula e interpreta igual (¡pero igual!) que Pacino en El Padrino 2 cuando chilla eso de "¡han intentado matar a mi mujer!"... Asà podrÃa seguir un buen rato.
Al final, y aceptando ya que la pelÃcula comete su peor pecado al aburrir en partes de su trilladÃsimo metraje, lo que salva American gangster no es sólo la trama protagonizada por Russell Crowe si no un par de escenas que, excepcionalmente, brillan por encima de la media de la pelÃcula. Lo más interesante, claro, llega cuando los dos protagonistas por fin se encuentran, se enfrentan, se miran a los ojos y dialogan. Maravilloso el momento en que Washington sale de la iglesia y descubre a Crowe, esperándole en plena calle, de pie, y con la policÃa bloqueando la calle.
Por recordar algunas de estas escenas mejores, reseñables, no olvido la secuencia en que la madre abofetea a su hijo, le reprende, le recuerda que nunca le ha querido preguntar nada, pero que todo el mundo sabe que "no se mata a un policÃa".
Igualmente burdas son las excusillas de tres al cuarto con las que el guión consigue que la mujer de Washington se quede sola en el coche para la escena del intento de asesinato. Pero, sobre todo, especialmente triste es que Scott necesite alternar planos del fasto y lujo que rodea a Washington con imágenes de yonquis tirados por las esquinas, medio muertos o muertos del todo, para intentar asà retratar a su personaje ante los ojos del espectador. Que Scott necesite esto, a estas alturas, es sintomático. Muy burdo.